domingo, 2 de abril de 2017

Lecturas 2- Cultura y sociedad – Consolidado 2

Lecturas 2- Cultura y sociedad – Consolidado 2

Ustedes deben leer los siguientes textos y en la próxima clase realizaremos un taller evaluativo de control de lectura en parejas. Los textos o podrán utilizarse en el ejercicio.

Cambio climático: lo peor está por venir
El informe que presentó la ONU es la investigación más grande que se ha hecho de este fenómeno. El panorama es abrumador y Colombia no queda bien parada.
Nadie en este planeta se va a salvar de los impactos del cambio climático”, dijo Rajendra Pachauri cuando presentó el quinto informe mundial sobre el calentamiento global la semana pasada en Yokohama, Japón. El informe elaborado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático que él dirige es el más completo que ha hecho la humanidad sobre este tema. Participaron 500 científicos de 70 países y fueron consultados más de 12.000 estudios. Por eso las conclusiones contenidas en sus 2.600 páginas han consternado al mundo.  “Abrumador”,  “alarmista”, “apocalíptico”, “irreversible” han sido algunos de los calificativos que le ha dado la prensa internacional.

El informe sostiene una verdad que solo ahora es irrefutable. Como dijo el secretario de la Organización Mundial de Meteorología, Michel Jarraud “ya no hay ninguna duda de que el clima está cambiando y que el 95 por ciento de este cambio se debe a las actividades humanas”. Esta conclusión,  que parece obvia, es uno de los mayores aportes del estudio pues hasta hace muy poco presidentes, ministros y gerentes todavía debatían si el calentamiento global existía y si la depredación del hombre a la naturaleza era lo que lo provocaba.

Como el clima pareciera estar “enloqueciendo”, los escépticos son cada vez menos. Colombia padece en la actualidad sequías e incendios que han conmovido al país, pero el mundo no está mejor. El tifón Haiyan arrasó kilómetros en Filipinas y produjo la muerte de cerca de 10.000 personas. En Oklahoma se presentó el peor tornado que se ha visto en Estados Unidos, en Siria, Jordania e Israel nevó como nunca antes, Europa sufrió enormes inundaciones y Australia acaba de registrar el año más caluroso de su historia. El informe sostiene que en efecto 13 de los 14 años más cálidos se han producido en el siglo XXI y agrega que casi todos esos fenómenos climáticos eran predecibles.

El estudio tiene importantes conclusiones. Asegura que por cuenta del clima los conflictos armados aumentarán, que en el futuro escaseará la comida y el agua y que muchas especies y ecosistemas simplemente desaparecerán (ver recuadros).  Uno de los capítulos que más ha llamado la atención es el impacto que tiene en los océanos, pues prueba que este fenómeno ha alterado la vida marina más rápido que los 65 millones de años de evolución.

Esos cambios de clima afectarán principalmente a los países más pobres (ver mapa) y como dijo Simon Maxwell, director de la junta de la Alianza Clima y Desarrollo en la revista SEMANA Sostenible, “Latinoamérica, sin lugar a dudas, será uno de los más golpeados”.  El informe alerta que los principales ríos de Colombia han reducido sus caudales y señala que el país está entre los diez más vulnerables del mundo a la pérdida de la pesca, lo cual es grave porque millones de sus habitantes tienen en esta su principal fuente de alimentación. Además, sostiene que el 30 por ciento de la población vive en zonas costeras, muy vulnerables a eventos extremos del clima.

La ONU ya había alertado hace unos años que por su posición geográfica Colombia es el tercer país del mundo más vulnerable al cambio climático. “Este informe evidencia que situaciones como la sequía del Casanare no son una emergencia momentánea. Hoy son los chigüiros, pero mañana serán los seres humanos”, sostiene la ambientalista Claudia Martínez. El país ya sabe los costos de no prepararse para eventos climáticos. El invierno de  2010 dejó 150 personas muertas y 1,5 millones sin hogar. “La factura del cambio climático ese año no fue nada despreciable: cerca de 11 billones de pesos, que equivalen casi el 2 por ciento del PIB de 2011”, sostiene la exviceministra de Ambiente, Adriana Soto.

Pero no todo es apocalíptico. Según el informe “la región es considerada como un jugador clave en la economía mundial por el rol que juegan Colombia, Brasil y Chile”.  Al país todavía le falta mucho para prepararse para lo que viene, pero ha dado pasos importantes. A raíz de las inundaciones se creó un Fondo de Adaptación que tiene la tarea de hacer las obras que se necesitan para que esa tragedia no vuelva a suceder. El informe también destaca el proyecto de ganadería silvopastoril que busca hacer más eficiente esa actividad para que las vacas no ocupen las 38 millones de hectáreas de hoy y un sistema piloto para atender enfermedades que aumentan en los cambios del clima como la malaria. Ciudades como Cartagena y departamentos como San Andrés y Huila ya han empezado a construir sus planes de adaptación a los cambios de clima.

Colombia tiene otra enorme ventaja y es que sus parques naturales ocupan el 12 por ciento del territorio y esa cifra podría duplicarse en los próximos años. “Las áreas protegidas han demostrado ser la manera más eficiente para manejar la mitigación y la adaptación al cambio climático”, explica la directora de Parques Nacionales, Julia Miranda. Científicamente está demostrado que tener áreas bien conservadas logra que los ecosistemas soporten los extremos climáticos. La naturaleza está tan conectada (ver recuadro) que la protección de los manglares y los corales del Caribe es indispensable para que no se derrita el Ártico. Por eso la declaratoria de las 42.000 hectáreas del páramo de Santurbán que acaba de hacer la ministra de Ambiente, Luz Helena Sarmiento, no solo es fundamental para esa región sino clave para el país.

El ecologista James Lovelock, famoso por haber creado la teoría de Gaia, dijo a propósito de este informe que quizá su mérito es que “los ambientalistas han dejado de ser una minoría, porque hoy la mayoría se preocupa por el planeta, y eso hace más difícil que nunca encasillarlos”.

Por el pasado informe, el panel intergubernamental ganó el Premio Nobel de la Paz. Y el ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore recibió la misma distinción por haber enarbolado la causa del clima. Aun así el mundo no se ha puesto de acuerdo en lo que tiene que hacer para frenar lo que se viene, y no tiene mucho que mostrar en esa lucha. A pesar de que ya no hay duda de que el futuro no pinta nada bien.

Las próximas guerras

“El cambio climático, indirectamente, puede incrementar el riesgo de conflictos violentos y las guerras civiles”, sostiene el informe. Las sequías, las inundaciones y las fuertes tormentas no crearán guerras automáticamente, pero multiplicarán las amenazas económicas, políticas y religiosas que las producen. Hoy incluso se habla de “los desplazados del clima”, millones de personas que han tenido que migrar por catástrofes naturales. Se estima que en 2050 Bangladesh tendrá 50 millones de estos desplazados. En Colombia ya hay miles de ellos como los habitantes de Manatí (Atlántico) que siguen viviendo en carpas por cuenta del invierno de 2010. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha dicho que el conflicto de Darfur, Sudán, se debe también a problemas ecológicos: las lluvias cayeron en más de un 40 por ciento y el famoso economista Jeffrey Sachs atribuye la violencia en Somalia a una “volátil mezcla de falta de agua y alimentos”.

Un mundo hambriento

El calentamiento global hará que en algunos años la producción de alimentos no alcance para alimentar a toda la humanidad. Por eso, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong King, aseguró que en cinco o diez años los principales conflictos serán por hambre y sed. El informe sostiene que en países del trópico, como Colombia, la pesca disminuirá hasta un 60 por ciento. El documento agrega que si la temperatura aumenta dos grados centígrados los cultivos de maíz, trigo y arroz caerán dramáticamente. Para 2050 los precios de los alimentos se habrán duplicado y en Colombia el 80 por ciento de los cultivos se verán afectados.  Por eso, Rafael Mejía, presidente de la Sociedad Colombiana de Agricultores, ha dicho que el cambio climático ya es un problema en el país.

El efecto mariposa

Los chinos decían que “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo”. Los impactos del cambio climático le han dado a ese proverbio la razón. El informe muestra cómo un 80 por ciento de la contaminación que llega a la Antártida proviene de Sudamérica. Esta semana un informe del Instituto Agustín Codazzi señaló que la degradación de los páramos en el Cocuy era la causa probable de la sequía que sufre Paz de Ariporo en Casanare. Al otro lado del océano, las autoridades del Reino Unido pidieron a sus ciudadanos no salir a la calle pues nubes movidas por los flujos de vientos alisios venían cargadas de polvo contaminado del Sahara que cubría las ciudades de smog.

S.O.S al amazonas

La Amazonia será una de las principales víctimas de los cambios del clima, según el informe. Se estima que en el mayor bosque que tiene el planeta las lluvias se reducirán en un 50 por ciento para 2050, de acuerdo al Global Canopy Project. Otro estudio reveló que en 2030 más de la quinta parte de la selva colombiana no existirá. Para Wendy Arenas, directora del proyecto Amazonas 2030, el informe es una alerta. “La Amazonia juega un papel crítico pues regula una parte importante de las lluvias de América Latina. Incluso la humedad de los páramos de los Andes depende de ella”, explica.
Ultimátum a la Tierra

Ignacio Ramonet
Le Monde diplomatique


Representantes de todos los países del mundo se reúnen en Copenhague (Dinamarca) del 7 al 18 de diciembre en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con el objetivo de evitar que, de aquí a 2050, la temperatura media del planeta aumente en más de dos grados. Si la Tierra fuese un balón de fútbol, el espesor de la atmósfera sería de apenas dos milímetros... Nos hemos olvidado de la increíble estrechez de la capa atmosférica y consideramos que ésta puede absorber sin límites cualquier cantidad de gases nocivos. Resultado: se ha creado, en torno al planeta, un sucio envoltorio gaseoso que captura el calor del sol y funciona como un auténtico invernadero. 

El calentamiento del sistema climático es una realidad inequívoca. Unos 2.500 científicos internacionales, miembros del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima (GIEEC) (1), lo han confirmado de modo indiscutible. Su causa principal es la actividad humana que produce un aumento descontrolado de emisiones de gases, sobre todo dióxido de carbono, CO2, producto del consumo de combustibles fósiles: carbón, petróleo, gas natural. La deforestación acrecienta el problema (2). 

Desde la Convención del Clima y la Cumbre de Río de Janeiro en 1992, y la firma del Protocolo de Kioto en 1997, las emisiones de CO2 han progresado más que durante los decenios precedentes. Si no se toman medidas urgentes, la temperatura media del planeta aumentará por lo menos en cuatro grados. Lo cual transformará la faz de la Tierra. Los polos y los glaciares se derretirán, el nivel de los océanos se elevará, las aguas inundarán los deltas y las ciudades costeras, archipiélagos enteros serán borrados del mapa, las sequías se intensificarán, la desertificación se extenderá, los huracanes y los tifones se multiplicarán, centenares de especies animales desaparecerán... 

Las principales víctimas de esa tragedia climática serán las poblaciones ya vulnerables de África subsahariana, de Asia del sur y del sureste, de América Latina y de los países insulares ecuatoriales. En algunas regiones, las cosechas podrían reducirse en más de la mitad y el déficit de agua potable agravarse, lo que empujará a cientos de millones de "refugiados climáticos" a buscar a toda costa asilo en las zonas menos afectadas... Las "guerras climáticas" proliferarán (3). 

Para evitar esa nefasta cascada de calamidades, la colectividad científica internacional recomienda una reducción urgente del 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Único modo de evitar que la situación se vuelva incontrolable. 

En esa perspectiva, tres son los temas centrales que se abordan en Copenhague: 1) determinar la responsabilidad histórica de cada Estado en la actual degradación climática, sabiendo que el 80% de las emisiones de CO2 son producidas por los países más desarrollados (que sólo reúnen el 20% de la población mundial), y que los países pobres, los menos responsables del desastre climático, padecen las consecuencias más graves. 2) fijar, en nombre de la justicia climática, una compensación financiera para que aquellos Estados que más han degradado el clima aporten una ayuda significativa a los países del Sur que permita a éstos luchar contra los efectos de la catástrofe climática. Aquí se sitúa uno de los principales desacuerdos: los Estados ricos proponen una suma insuficiente, cuando los países pobres reclaman una justa compensación más elevada. 3) definir con vistas al futuro un calendario vinculante que obligue política y legalmente a los actores planetarios -tanto a los países desarrollados como a las otras potencias (China, Rusia, la India, Indonesia, México, Brasil)- a reducir progresivamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. Ni Estados Unidos ni China (los dos principales contaminadores) aceptan esta perspectiva. 

Además de esta agenda, un fantasma recorrerá las mesas de discusión de Copenhague: el del necesario cambio de modelo económico. Existe en efecto una grave contradicción entre la lógica del capitalismo (crecimiento ininterrumpido, avidez de ganancias, explotación sin fronteras) y la nueva austeridad indispensable para evitar el cataclismo climático ( léase, p. 32, el artículo de Riccardo Petrella ). 

Si el sistema soviético implosionó fue, entre otras razones, porque descansaba sobre un método de producción que valoraba principalmente el beneficio político de las empresas (creaban obreros) y no su coste económico. De igual modo, el sistema capitalista actual únicamente valora el beneficio económico de la producción, y no su coste ecológico. Con tal de obtener un beneficio, no le importa que un producto tenga que recorrer miles de kilómetros, con la emisión de toneladas de CO2 que eso supone, antes de llegar a las manos del consumidor. Aunque ello ponga en peligro, a fin de cuentas, a toda la humanidad. 

Por otra parte, es un sistema despilfarrador que agota los recursos del planeta. Actualmente la Tierra ya es incapaz de regenerar un 30% de lo que cada año consumen sus habitantes. Y demográficamente éstos no cesan de crecer. Somos ya 6.800 millones, y en 2050 seremos 9.150 millones... Lo que complica el problema. Porque no hay recursos para todos. Si cada habitante consumiese como un estadounidense se necesitarían los recursos de tres planetas. Si consumiese como un europeo, los de dos planetas... Cuando no disponemos más que de una Tierra. Una diminuta isla en la inmensidad de las galaxias. 

De ahí la urgencia en adoptar medidas que detengan la huida hacia el abismo. De ahí también, ante el cinismo de muchos líderes mundiales, la rabia de los miles de militantes ecologistas que convergen de todo el planeta hacia la capital danesa gritando dos consignas: "¡Cambiad el sistema, no el clima!" y "Si el clima fuese un banco ¡ya lo habrían salvado!". 

Se cumplen diez años de las grandes manifestaciones de la "batalla de Seattle" que vieron nacer el movimiento altermundialista. En Copenhague, una nueva generación de contestatarios y activistas, en nombre de la justicia climática, se dispone a abrir un nuevo ciclo de luchas sociales. La movilización es enorme. La pelea va a ser grandiosa. Está en juego la supervivencia de la humanidad. 

Notas: (1) Recompensado colectivamente, en 2007, con el Premio Nobel de la Paz por sus informes sobre los cambios climáticos. 

(2) Los árboles, las plantas y las algas de los océanos absorben y neutralizan el CO2, y producen oxígeno; de ese modo ayudan a combatir el efecto invernadero. 

(3) Léase Harald Welzer, Les Guerres du climat. Pourquoi on tue au XXIe siècle , traducido del alemán por Bernard Lortholary, Gallimard, París, 2009.



martes, 14 de marzo de 2017

Consolidado 2- Ética y Constitución- 2017-1



Consolidado 2- Ética y constitución
Lean los textos y respondan las siguientes preguntas:
1.      ¿Por qué son importantes los derechos humanos?
2.      ¿Por qué l la convivencia humana debe fundarse en los derechos humanos?
3.      ¿Qué contradicciones encuentran ustedes entre lo que dice la constitución colombiana y la realidad de los derechos humanos? ¿Cuáles serían las causas de esas contradicciones?
4.      ¿Cómo afecta la cultura del país el no cumplimiento de los derechos humanos?
  1. Los habitantes de una ciudad están disgustados con su alcalde y quieren revocarle el mandato. ¿Qué acciones deben emprender y que requisitos se les exigirá?
  2. ¿Cuáles son las diferencias y las semejanzas entre el plebiscito y el referendo?
  3. Los ciudadanos tienen dos opciones para derogar una Ley, por ejemplo derogar la ley laboral aprobada en el 2002. ¿Qué opciones podrían utilizar y qué requisitos se les exigiría?
  4. Señale ejemplos de posibles consultas populares y de cabildos abiertos.

El papel de los derechos humanos en la convivencia
Alfredo Ramos Osorio
Introducción
Convivir es compartir un espacio físico con otros seres,  y esa  interdependencia requiere de una  conducta moral y ética y del  reconociendo los derechos y deberes de cada ser con los que se comparte. Los derechos humanos por su parte, son aquellas condiciones instrumentales inherentes, acordadas y reconocidas a todos los seres humanos, sin distingo de raza, credo, edad, nacionalidad, sexo, cultura o clase social; por lo tanto, Si consideramos entonces que la convivencia es el conjunto de valores, principios, reglas, convicciones y costumbres que han construido las naciones y las comunidades para garantizar su funcionamiento y la resolución de los conflictos y  de las infracciones que cometan las personas que las integran, la situación de los derechos humanos son un marco de referencia para el análisis de cuál es la situación de convivencia en una nación o en una comunidad.
Debemos partir que la  convivencia supone el reconocimiento del otro, como sujeto de derechos, como sujeto interdependiente basado en principios y valores, el respeto, la solidaridad, y dignidad que todos poseemos por el simple hecho de pertenecer a la raza humana, por lo tanto no se concibe una convivencia donde los derechos humanos no sean la base de las relaciones que  orienten el actuar con todos aquellos con los  que pretendemos convivir.
Convivencia y derechos humanos en la Constitución política colombiana
La Constitución de Colombia hace referencia o alusión a la convivencia en el artículo 2 señala:
 “Son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la nación; defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo”.
En cuanto a los derechos humanos, sólo hasta la Constitución política de 1991 se logra su reconocimiento pleno, la carta magna colombiana reconoció entre otras cosas:
·         El carácter multicultural y de pluralidad étnica de la sociedad colombiana, y el reconocimiento de los derechos de las minorías.
·         El establecimiento claro de los derechos civiles y políticos a los ciudadanos colombianos.
·         El reconocimiento de los derechos de segunda generación: sociales, económicos y culturales
·         El paso de una democracia representativa a una directa, el establecimiento de los mecanismos de participación ciudadana y de defensa de los derechos.
·         El establecimiento de los principios que rigen la sociedad tal como se establece en el artículo 1: “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general”,
Los derechos humanos y la convivencia
En el caso colombiano, a pesar que la Constitución Política nos brinda un marco amplio de derechos, el significado y el carácter ético de los mismos no ha hecho cuerpo en la psicología colectiva de los colombianos, muchos de los comportamientos culturales afectan poderosamente la convivencia y violan los derechos, prácticas como “la cultura del atajo”, el individualismo, el racismo, la exclusión, la corrupción económica y política, el resentimiento, y la violencia como método para dirimir los conflictos y para mantener el estatus social no permiten la construcción de una democracia sólida, donde se garantice el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la justicia, y la igualdad. Una convivencia que sea capaz de integrar a los ciudadanos, que ofrezca la posibilidad de construir sueños colectivos, debe estar ligada a la comprensión no sólo teórica de los derechos humanos, sino de su ejercicio práctico.
La génesis de la formación colombiana está marcada por la violencia y la exclusión. Los colonizadores españoles masacraron, saquearon y sometieron a las comunidades aborígenes. El surgimiento de la nación está signado por el no reconocimiento del otro, por el sometimiento y la crueldad. Además, durante toda la formación republicana las élites no reconocieron las expresiones culturales de las comunidades étnicas, ni la de los pueblos campesinos. Lo anterior ha impedido la construcción de un relato común que permita la construcción de la identidad, como expresión de toda la multiculturalidad y de una convivencia fundada en el respeto irrestricto a los derechos humanos, además ha obstaculizado la construcción de un contrato social que se fundamente en la defensa del interés general.
Los derechos humanos en Colombia
Analizamos a continuación la realidad de algunos de los derechos humanos en Colombia:

a.       El derecho a la vida: El estado colombiano no garantiza el respeto y la protección de la vida de sus ciudadanos:
“Entre julio de 2002 y junio de 2006, es decir, aproximadamente en los cuatro primeros años del Gobierno que acaba de concluir, se registraron 11.292 personas asesinadas o desaparecidas por fuera de combate (o sea, en su casa, en la calle o en su trabajo), por motivos políticos. Del total de estas muertes registradas de julio de 2002 a junio de 2006, 1.324 eran mujeres. Por lo menos 1.342 jóvenes y 678 niñas y niños perdieron la vida por las mismas causas en el mismo período” (Gallón, 2007).
 Un ejemplo que no tiene que ver con homicidios, pero que está afectando el derecho a la vida lo podemos constatar: entre octubre de 2011 y junio de 2012, UNICEF prende las alarmas a nivel mundial por la crítica situación de agua, saneamiento e higiene de doce comunidades wayúus en el Municipio de Manaure (Guajira). Consecuencia directa de eso es la gran cantidad de muertes de niños menores de siete años, en un porcentaje sin igual en el planeta Tierra. Al contrario de la tendencia mundial, donde se ha reducido en un 41% la mortalidad infantil en las últimas dos décadas, en La Guajira se ha incrementado.
b.      La impunidad: Muchos de los delitos graves que se cometen en Colombia se quedan sin castigo. Las masacres, las desapariciones, los asesinatos, la corrupción administrativa, entre otros, raramente la justicia es capaz de resolver estos casos.
c.       La pobreza: Más de 8 millones de colombianos viven con menos de un dólar diario, muchos tienen necesidades básicas insatisfechas, carecen de empleo, no tienen un servicio de salud, o una vivienda, no participan del sistema educativo, etc.
d.      El abandono de las comunidades étnicas: Las comunidades indígenas y afrocolombianas viven por lo general en la pobreza extrema, sometidos a la violencia política, a la usurpación de sus territorios y al desconocimiento de sus expresiones culturales.
Conclusiones
La violencia intrafamiliar, las riñas entre vecinos de una misma comunidad, el matoneo escolar, el desplazamiento generado por la acción de grupos armados, la agresión contra los niños y las mujeres, son apenas “pequeñas muestras” de la crisis social y cultural del país y la necesidad de repensar y de actuar para la consolidación de la ciudadanía, la convivencia y el respeto de los derechos humanos.
Surge la necesidad de construir una pedagogía de la convivencia y de la ciudadanía, capaz de interpretar nuestro devenir histórico, nuestros dramas y falencias, que pueda en las escuelas, en las comunidades, en las ciudades y en el país en general, de establecer dinámicas que permitan que los derechos humanos se comprendan y se ejerciten, que permita limar los conflictos, garantizar la ternura, la solidaridad, la justicia, la bondad, la libertad y la dignidad de todos los colombianos.
Se trata de superar los cien años de soledad, de los que hablaba Gabriel García Márquez.

Bibliografía
1.      GALLÓN, G. (2007). Los derechos humanos: un mínimo común denominador para la convivencia civilizada en Colombia. Revista LOGOS. Revista de la Universidad de la Salle. Número 11.
2.      Constitución Política de Colombia.
3.      GOYENECHE, J.M. (2008). Módulo convivencia y expresiones culturales. UNAD.

MECANISMOS DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA
Alfredo Ramos
1. Voto Popular

Es el mecanismo de participación ciudadana por excelencia. El voto popular es el proceso mediante el cual los ciudadanos ejercen su derecho a elegir a las personas que los representan en las corporaciones públicas. Dicho mecanismo es utilizado para elegir Presidente, Gobernadores, Alcaldes, Congresistas, Diputados, Concejales y Ediles. Desde 1991, en Colombia se utiliza el mecanismo de tarjetón único por Corporación o cargo público a proveer, en el cual aparecen todos los candidatos a ese cargo o corporación. El ciudadano recibe el tarjetón, señala únicamente el candidato de su preferencia o marca el voto en blanco, en caso de no querer elegir a ninguno.

2. Revocatoria de Mandato

Así como la Carta Política consagró un mecanismo para elegir a los gobernantes, también previó uno para retirar a los elegidos. La revocatoria de mandato se refiere a la facultad que tiene el pueblo para despojar de su cargo a quien él mismo ha elegido, cuando este no cumple las promesas hechas a la ciudadanía al momento de su elección. Mediante el voto programático se establece un nexo de responsabilidad entre los electores y los elegidos, entre gobernantes y gobernados. Este mecanismo va estrechamente ligado al voto programático, que pese a no estar consagrado como mecanismo de participación, si constituye un elemento fundamental para la democracia participativa. El artículo 259 de la Constitución Política plantea que "quienes elijan gobernadores y alcaldes, imponen por mandato al elegido el programa que presentó al inscribirse como candidato". De no cumplir el mandatario con su programa de gobierno, los ciudadanos tienen el derecho de revocarle el mandato, es decir, a hacer que deje su cargo.

3. Iniciativa Popular Legislativa y Normativa

Es el derecho que tienen los ciudadanos de presentar proyectos de acto legislativo o de ley ante el Congreso de la República, de ordenanza ante las Asambleas Departamentales, de acuerdo ante los Concejos Municipales, y de resolución local ante las Juntas Administradoras Locales. Para que cualquiera de las anteriores corporaciones entre a considerar un proyecto de acto legislativo, de ley o de norma (según el caso) se requiere la recolección de firmas del 5% de los ciudadanos inscritos en el respectivo censo electoral. Para este proceso, los ciudadanos cuentan con seis meses contados a partir de la inscripción de la iniciativa ante la Registraduría del Estado Civil. Una vez recolectadas las firmas, el proyecto se presenta ante la respectiva corporación para que esta proceda a su aprobación, modificación o rechazo.

4. Referendo

Es el mecanismo destinado a que los ciudadanos y ciudadanas se pronuncien sobre una disposición normativa. Existen tres clases de referendo.

4.1. Referendo derogatorio

Este referendo está destinado específicamente a derogar una ley, ordenanza, acuerdo o resolución local, según sea el caso. Un número de personas equivalente a la décima parte del censo electoral vigente respectivo debe solicitar a la organización electoral que convoque un referendo. Si la mitad más uno de los y las ciudadanos votan a favor de la derogatoria, la ley sale del ordenamiento jurídico, siempre que el total de las personas que haya votado sea equivalente a por lo menos una cuarta parte del censo electoral. No pueden someterse a este tipo de referendo, las leyes aprobatorias de tratados internacionales, la ley de presupuesto ni las referentes a materias fiscales o tributarias. La ley objeto del referendo puede ser de cualquier tipo –ordinaria, estatutaria u orgánica- y puede haberse expedido en cualquier tiempo.

4.2. Referendo aprobatorio

Por medio de esta clase de referendo se busca aprobar un texto normativo que no haya sido aprobado por la corporación pública respectiva, para que este se convierta en ley, ordenanza, acuerdo o resolución local, según el caso.

4.3. Referendo Constitucional

Esta tercera forma de referendo consagrado en la Carta Política tiene como finalidad reformar la Constitución. Por iniciativa del Gobierno o de un número de ciudadanos(as) igual o superior al 5% del censo electoral, el Congreso, mediante ley que requiere la aprobación de la mayoría absoluta de los miembros de ambas cámaras (es decir de la totalidad de los miembros, no de los asistentes), puede someter a referendo un proyecto de reforma constitucional.
El procedimiento es el siguiente: una vez elaborado un texto de reforma constitucional, este debe ser inscrito ante la Registraduría Nacional del Estado Civil para lo cual se requieren las firmas del 5 por mil del censo electoral nacional. Una vez inscrito, se inicia una nueva ronda de recolección de firmas que generan, a su vez, dos alternativas:
  • Recolectadas las firmas del 5% del censo electoral, el proyecto de reforma constitucional entra al Congreso de la República para su discusión y si este lo aprueba, convoca al referendo ciudadano para la aprobación de la reforma.
  • Recolectadas las firmas del 10% del censo electoral, se presentan ante el registrador para que este lo convoque directamente.
Este referendo debe presentarse en forma tal que las personas votantes puedan escoger libremente en el temario o articulado si votan afirmativa o negativamente.
La aprobación de la reforma constitucional requiere el voto afirmativo de la mayoría de las personas votantes siempre que haya votado más de la cuarta parte del total de ciudadanos(as) que conforman el censo electoral.
Antes de la votación del referendo se exige que la Corte Constitucional se pronuncie sobre la exequibilidad formal de la convocatoria, es decir, que determine si existieron vicios de procedimiento en su formación, caso en el que debe ser declarado inconstitucional.
En todos los casos la decisión del pueblo será obligatoria.

5. Plebiscito

Es el mecanismo mediante el cual el Presidente de la República convoca al pueblo para que apoye o rechace una determinada decisión que se somete a su consideración. El plebiscito, a diferencia del referendo, no versa sobre una norma, sino sobre una decisión del ejecutivo, mediante una pregunta que debe responderse "si" o "no", pero en ningún caso podrá consultar temas relacionados con la declaratoria estados de excepción y el ejercicio de los poderes correspondientes.
Si bien la convocatoria del plebiscito atañe al Presidente, el acto requiere previa aprobación del Congreso de la República y la firma de todos los ministros. La decisión del pueblo es obligatoria.

6. Consulta Popular

Es el proceso mediante el cual un gobernante acude ante el pueblo con el fin de conocer sus expectativas con respecto a un tema determinado de interés nacional, regional o local. La decisión que con respecto a este tema adopte el pueblo obligará al gobernante a tomar decisiones concordantes con la opinión de la ciudadanía.
Es obligatoria para la formación de nuevos departamentos, para la vinculación de municipios a áreas metropolitanas o para la conformación de estas.
En las consultas populares de carácter nacional, el Presidente debe solicitar el concepto previo del Senado de la República.

7. Cabildo Abierto

Es la congregación del pueblo soberano para discutir acerca de los asuntos que le interesan o afectan. Su carácter es eminentemente deliberante, pero en el futuro podría ser decisorio. Su propósito esencial es ampliar los escenarios de participación de los ciudadanos y, en general, que la comunidad, de manera directa y pública, intervenga y decida acerca de los asuntos propios de la respectiva población.
Debe ser solicitado por el 5 por mil del censo electoral de la respectiva circunscripción.
OTROS MECANISMOS DE PARTICIPACIÓN

Veeduría Ciudadana
Mecanismo que permite a los ciudadanos o a las diferentes organizaciones comunitarias, ejercer vigilancia sobre el proceso de la gestión pública, así como la convocatoria de una entidad encargada de la ejecución de un programa, proyecto, contrato o de la prestación de un servicio.

Procesos de vigilancia y control
Permite a los ciudadanos o a las diferentes organizaciones comunitarias poner en conocimiento de la alta dirección de la entidad las anomalías presentadas en la debida prestación del servicio por parte de algún funcionario o área del Ministerio. A través de este medio también pueden hacer consultas sobre los temas del Ministerio.






Consolidado 1- trabajo de cultura y sociedad 2017-1



Los textos que deben leer los encuentran en el blog
1.       Lea el texto “Dios  se equivocó” y responda las siguientes preguntas:
a.       Describa en párrafo la situación que ocurre en Tanzania.
b.      ¿Qué responsabilidad se le puede atribuir a las potencias de Europa en la situación de miseria y hambre que sufre África?
2.       Lea el texto “Jugando con el hambre” y responda las siguientes preguntas:
a.       ¿Qué peligros se ciernen sobre el incremento de la pobreza con el aumento del cultivo de los biocombustibles y por qué?
b.      ¿Por qué el articulista presenta la situación de compra de tierras por los países industrializados y por empresas  y la califica como “jugando con el hambre”?
3.       Lea el texto: “El hambre en el mundo” y responda las siguientes preguntas.
a.       ¿Por qué a pesar del enorme desarrollo tecnológico en la producción de alimentos hay hambre en el mundo?
b.      Explique por separado los factores económicos, políticos y geográfico- ambientales que determinan la pobreza en el mundo.
4.       Lea el texto: “Cerrar la brecha” y responda: ¿Qué hace de Noruega un país sin pobreza y a Colombia un país con pobreza


jueves, 16 de febrero de 2017

Lecturas 1- Cultura y sociedad

Lecturas 1- cultura y sociedad
Leer los textos para que en la clase podamos discutirlos.
a.       ¿Qué problemática cultural expresan los textos?
b.      ¿Por qué esa problemática afecta la vida económica, social y política de Colombia?
c.       Conclusiones

Demasiados muertos

Recurriendo a diferentes fuentes confiables, puedo afirmar que en Colombia se registraron en los últimos cuarenta años – entre 1975 y 2014 – un total de 747.289 homicidios.
Por: Saul Franco
Podemos redondear la cifra en 750.000, y tendríamos un promedio anual de 18.750 casos de homicidio y un alarmante y vergonzoso promedio de un homicidio cada media hora durante esos cuarenta años. Demasiados muertos, verdad?
Cuando hablo de fuentes confiables me refiero a los informes de la Policía Nacional, del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, del Departamento Nacional de Estadística –Dane- de algunas investigaciones específicas y del Observatorio Nacional de Salud –ONS- que acaba de divulgar su IV Informe dedicado, en buena parte y con mucho rigor, justamente al tema de la violencia homicida en el país entre 1998 y 2012. Conviene advertir que no siempre coinciden los períodos, indicadores y tipo de datos suministrados por las distintas fuentes, siendo necesario optar por la información disponible más constante y consistente.
No todos esos muertos se deben a la guerra que padecemos, por supuesto. Hay homicidios por riñas callejeras, con frecuencia facilitados por el licor. Hay un porcentaje debido a la violencia en las relaciones familiares y de pareja. Hay violencia homicida producida por la llamada delincuencia organizada, y también por la desorganizada. La hay en el trabajo y en casi todos los escenarios en donde sucede la vida, incluyendo los deportivos. Entre quienes hemos estudiado el tema se estima que entre un 10 y un 20% del total de víctimas de este tipo de violencia se debe directamente al conflicto armado interno, pero que indirectamente el porcentaje es muchos mayor.
Siendo preocupante el dato de cuántos colombianos/as mueren como víctimas de homicidios, lo es mucho más saber quiénes son, en dónde viven y por qué los matan. Todas las fuentes de información coinciden en que, de lejos (hasta en un 92%), los hombres son las principales víctimas. Que casi las tres cuartas partes de las víctimas son jóvenes entre los 15 y los 39 años. Que de los cuarenta años registrados, los peores fueron 1991 y 2002. Que entre Antioquia y el Valle del Cauca han concentrado el 40% de las víctimas de homicidio. Algunos estudios - el del ONS entre ellos - han ayudado a precisar que 27 de los 1.123 municipios del país responden por la mitad de los homicidios. Y hay en ellos sólidas asociaciones entre las tasas de homicidio y las de desempleo, el PIB per capita, la cantidad de acciones de todos los grupos armados, el bajo nivel educativo de las víctimas, la producción de coca, y la explotación petrolera antes y la de oro ahora.
Personalmente sigo convencido de que en el triángulo intolerancia-inequidad-impunidad se encuentra el núcleo explicativo de buena parte de nuestras violencias, incluida la homicida.
Hace treinta años, Eric Hobsbawn, un historiador inglés que se interesó en Colombia, tituló un ensayo suyo: Colombia asesina. Al terminar el milenio pasado, el socio-politólogo Álvaro Camacho afirmó que había elementos para darle la razón a Hobsbawn. Y las cifras expuestas aquí parecen confirmar que sí somos un país de gatillo fácil. ¿No será ya hora de dejar de serlo, de ensayar otras formas de resolver las diferencias inevitables, y de anteponer el valor de la vida al imperio de la muerte?
Saúl Franco. Médico social.

Rencores enconados
García Márquez dijo alguna vez que el secreto de un matrimonio feliz estaba en no dialogar sobre los conflictos de pareja; es mejor irse a dormir sin hablar del asunto, decía.
Por: Mauricio García Villegas
En sentido similar, Alphonse Allais, un escritor francés, señalaba esto: “Yo lo que hago es taparle la boca con un beso detrás de la oreja”. A mi juicio, esta estrategia del silencio funciona cuando los cónyuges se quieren mucho, pero no creo que sirva en todos los matrimonios. De lo que estoy seguro es que no sirve para sanar las heridas entre personas que no están ligadas por el afecto sino por otras cosas, como los negocios, el trabajo, el espacio público, etc. Lo peor que puede ocurrir en estos casos es dejar pasar el tiempo sin hablar. Los reproches que no se dicen se enconan, como las heridas que no se lavan. Con mucha frecuencia, el rencor, para seguir con la metáfora médica, no es otra cosa que una desconfianza mal tratada.
Claro, no basta con dialogar, también tiene que haber cierto respeto y cierta disposición a resolver los problemas, sin lo cual las palabras pueden servir de más leña para el fuego. No sólo hay que hablar; hay que estar dispuesto a dejarse convencer.
Colombia es un país con un tejido social muy maltrecho, en donde las relaciones sociales están marcadas por la desconfianza. Según la Encuesta Mundial de Valores, el 95% de los colombianos piensa que se debe ser muy cuidadoso al tratar a la gente, mientras que sólo un 4% reporta que se puede confiar en la mayoría de las personas. No dispongo de cifras, pero tengo la impresión de que aquí hay una correlación fuerte entre desconfianza y poca disposición al diálogo. Incluso en los ámbitos académicos, que son los que mejor conozco y en donde se supone que los argumentos y las palabras cuentan mucho, es muy común ver amistades destrozadas por pequeñeces e incluso convertidas en odios incurables que se habrían podido evitar con una conversación a tiempo.
Una consecuencia directa de la falta de diálogo entre los querellantes es la difusión del chisme y la maledicencia, que en Colombia son una especie de deporte nacional. Aquí el rencor crece menos por los motivos que da la contraparte que por la práctica de la denigración.
Pero donde más estragos producen la mezcla de desconfianza y aversión al diálogo honesto es en el mundo de la política. Durante los últimos años hemos sido testigos de la hostilidad entre el expresidente Uribe y el presidente Santos, dos personas con ideologías tan cercanas como lejanos son sus estilos y sus maneras. Si esa pelea es tan agria y ha llegado tan lejos en el odio es, a mi juicio, porque la gente la ve como algo normal. Si fuera vista con repulsión, estos dos personajes, que piensan y obran según la marea de las encuestas, ya habrían puesto de lado sus diferencias.
Otra prueba del poco aprecio que tenemos por el diálogo es la actitud pasiva e incluso indiferente que hemos adoptado ante la decisión de los actuales candidatos a la Presidencia de evadir el debate público. Nada de esto ocurre en una democracia seria, en donde los debates presidenciales transmitidos por la televisión son, ante todo, vistos como un derecho de los ciudadanos.
Nada de extraño tiene, entonces, que, así como en las relaciones sociales el diálogo suele ser reemplazado por la habladuría maledicente, en política el debate esté siendo reemplazado por el insulto y los agravios personales (a todo lo cual se suma, para agravar el asunto, que los escándalos parecen bien fundados).

Plata para ser patrón
Por: Mauricio García Villegas
NO HE LEÍDO LA BRUJA, DE CASTRO Caicedo, ni tampoco he visto la serie basada en su libro que por estos días pasa por la televisión; pero conozco Fredonia, el pueblo antioqueño donde ocurrieron los hechos que narra Castro Caicedo y también conozco la historia de Jaime Builes, el protagonista del relato.
Vale la pena repasar esa historia: cuando estaba muchacho, Builes era peón en una finca. Se fue un tiempo del pueblo y cuando volvió, convertido en un gran capo del narcotráfico, celebró en la plaza de Fredonia, con caballos, mujeres y rancheras, para que todo el pueblo supiera lo que había conseguido; luego compró buena parte de las casas de los ricos de Fredonia y se casó con una de las hijas de la aristocracia local.
La historia de Builes es la de muchos narcotraficantes paisas, impulsados no sólo por las ganas de hacer plata, sino por una mezcla de resentimiento social y búsqueda de reconocimiento. Casi todos ellos querían ser ricos, para poder comprar hartas cosas, claro, pero sobre todo para poder mandar y no tener que obedecerle a nadie. Son rebeldes en causa propia; lanzan su furia contra las élites tradicionales (sus antiguos patrones), pero no para cambiar la sociedad sino para reproducirla, con las mismas jerarquías y los mismos pobres de siempre, pero eso sí, con ellos al mando. Son unos rebeldes conservadores. Jaime Builes regresó a su pueblo para que lo volvieran a ver orgulloso y con plata; o como él mismo decía “pa pisar con fuerza sobre las pisadas viejas”.
Pero en Colombia, las ganas de patronear no son exclusivas de los mafiosos. Al contrario, son un impulso vital profundamente arraigado en nuestra cultura. Lo que la gente envidia de los ricos no es tanto la plata, sino el poder de mando que da la plata. Tener dinero y poder mandar son dos cosas que aquí se confunden. Por eso es tan común que la gente pobre le diga “patrón” o “jefe” a la gente que tiene dinero, incluso cuando no tienen ninguna relación laboral o jerárquica con ellos. Suponen que como son ricos, son jefes, y los jefes mandan y no le obedecen a nadie. En el imaginario popular, hacer plata es volverse libre. 
He oído a más de un amigo añorar un cargo público ante la posibilidad de tener chofer, secretaria y mensajero. Ni qué hablar de los cargos políticos, en donde las reverencias de los subordinados ilusionan a más de uno y en donde la consigna, “duro con los de abajo y sumiso con los de arriba”, es una norma de conducta casi universal. Esto pasa incluso con nuestra élite económica, la cual todavía conserva parte de los rezagos señoriales que tenían sus ancestros coloniales. Por eso están dispuestos a reducir sus beneficios materiales con tal de mantener intactos los honores, las venias y los halagos que reciben cuando están en Colombia.
Nuestra obsesión por el estatus y el reconocimiento social es un rezago de la sociedad jerarquizada que existía en la colonial. Pero sobre todo, es el resultado de un modelo de sociedad en donde la familia, la clase social, la religión y el honor conservan una importancia desmesurada en relación con el Estado, la igualdad ciudadana y los bienes públicos.
Reconocer que estos son rasgos sociales distintivos de nuestra sociedad nos puede ayudar a entender por qué el narcotráfico está mucho más conectado con la “sociedad de bien” de lo que casi siempre estamos dispuestos a reconocer y por qué para combatir a la mafia hay que atacar no sólo los incentivos económicos que la alimentan, sino sus las raíces culturales y sociales.
Los países y las mariposas
Por: Mauricio García Villegas
CUANDO UN NIÑO PREGUNTA CUÁNtos años vive un caballo, algunos viejos en Antioquia todavía responden esto: vea mijo, una gallina dura tres años, un perro tres gallinas, un caballo tres perros y una persona tres caballos; haga la cuenta. Me acordé de esa explicación el pasado fin de semana cuando se celebraba el Bicentenario. ¿Y cuánto vive un país?
Es difícil saberlo, pero lo que sí se sabe es que éstos se parecen más a las mariposas que a los caballos: no son efímeros como aquellas, pero su vida está marcada por la metamorfosis. Colombia ha pasado por dos estados: el de la colonia, su crisálida, que duró trescientos años, y el de la república, voladora, que lleva doscientos.
El contraste actual entre los Estados Unidos y América Latina se explica, en buena parte, por lo que fueron en su estado colonial. La colonia española fue más poderosa, más rica y duró más tiempo que la inglesa. A mediados del siglo XVII la participación en el mercado mundial de La Española (hoy Haití y Dominicana) era muy superior al de las trece colonias inglesas. España tenía 19 universidades en América, mientras que Inglaterra sólo tenía dos. Las iglesias, tapizadas en oro, y la grandeza arquitectónica de ciudades coloniales como Lima y México, no tenían parangón en Nueva Inglaterra o en Virginia.
Con la independencia, la relación de fuerzas se invirtió. Si en 1800 México producía algo así como la mitad de los bienes y servicios de los Estados Unidos, setenta años más tarde esa cifra había descendido al 2 %. Peor aún, en el norte del continente se creó un país enorme y poderoso, mientras en el sur las guerras civiles y la inestabilidad política duraron casi un siglo.
Son muchas las causas que explican esta inversión de destinos, pero quizás la más importante sea esta: España impuso en sus colonias un modelo de sociedad y un estilo de vida que, en el balance general del mundo colonial, estaba destinado a desaparecer. El descubrimiento de América, con su oro y sus indios, le permitió a España prolongar, durante casi tres siglos, un estilo de vida feudal, caballeresco, piadoso y épico, que estaba muriendo en el resto de Europa.
Las colonias inglesas, en cambio, no tuvieron la grandeza y el poder de las españolas, pero se montaron desde el inicio en el tren rápido de la historia: el del liberalismo, el de la competencia económica, la democracia y la defensa de los derechos individuales. Cuando las trece colonias declararon su independencia de Inglaterra, tenían acumulada una enorme experiencia de autogobierno, tolerancia y libertad que no existía en las colonias hispánicas. Boston no tenía la riqueza ni el boato de, por ejemplo, Popayán, pero estaba cultural y políticamente mucho mejor preparada para enfrentar los tiempos modernos que vinieron con la independencia.
Llevamos doscientos años apegados a los ritos y a las pompas de la vida republicana, pero los fantasmas del mundo colonial todavía nos persiguen: el latifundio, la concepción autoritaria del poder, la desigualdad social, la omnipresencia de la religión y el desprecio por los bienes públicos, todo esto hace parte de una etapa colonial que no hemos podido superar.
Así, pues, Colombia parece una nación joven e inmadura. Esto puede ser un augurio del futuro largo y próspero que nos espera, pero también es una advertencia de que si no abandonamos esa crisálida épica y poderosa que nos aprisiona, nunca lograremos levantar el vuelo.
*Profesor de la Universidad Nacional e investigador de Dejusticia.
Los países y las mariposas
Por: Mauricio García Villegas
CUANDO UN NIÑO PREGUNTA CUÁNtos años vive un caballo, algunos viejos en Antioquia todavía responden esto: vea mijo, una gallina dura tres años, un perro tres gallinas, un caballo tres perros y una persona tres caballos; haga la cuenta. Me acordé de esa explicación el pasado fin de semana cuando se celebraba el Bicentenario. ¿Y cuánto vive un país?
Es difícil saberlo, pero lo que sí se sabe es que éstos se parecen más a las mariposas que a los caballos: no son efímeros como aquellas, pero su vida está marcada por la metamorfosis. Colombia ha pasado por dos estados: el de la colonia, su crisálida, que duró trescientos años, y el de la república, voladora, que lleva doscientos.
El contraste actual entre los Estados Unidos y América Latina se explica, en buena parte, por lo que fueron en su estado colonial. La colonia española fue más poderosa, más rica y duró más tiempo que la inglesa. A mediados del siglo XVII la participación en el mercado mundial de La Española (hoy Haití y Dominicana) era muy superior al de las trece colonias inglesas. España tenía 19 universidades en América, mientras que Inglaterra sólo tenía dos. Las iglesias, tapizadas en oro, y la grandeza arquitectónica de ciudades coloniales como Lima y México, no tenían parangón en Nueva Inglaterra o en Virginia.
Con la independencia, la relación de fuerzas se invirtió. Si en 1800 México producía algo así como la mitad de los bienes y servicios de los Estados Unidos, setenta años más tarde esa cifra había descendido al 2 %. Peor aún, en el norte del continente se creó un país enorme y poderoso, mientras en el sur las guerras civiles y la inestabilidad política duraron casi un siglo.
Son muchas las causas que explican esta inversión de destinos, pero quizás la más importante sea esta: España impuso en sus colonias un modelo de sociedad y un estilo de vida que, en el balance general del mundo colonial, estaba destinado a desaparecer. El descubrimiento de América, con su oro y sus indios, le permitió a España prolongar, durante casi tres siglos, un estilo de vida feudal, caballeresco, piadoso y épico, que estaba muriendo en el resto de Europa.
Las colonias inglesas, en cambio, no tuvieron la grandeza y el poder de las españolas, pero se montaron desde el inicio en el tren rápido de la historia: el del liberalismo, el de la competencia económica, la democracia y la defensa de los derechos individuales. Cuando las trece colonias declararon su independencia de Inglaterra, tenían acumulada una enorme experiencia de autogobierno, tolerancia y libertad que no existía en las colonias hispánicas. Boston no tenía la riqueza ni el boato de, por ejemplo, Popayán, pero estaba cultural y políticamente mucho mejor preparada para enfrentar los tiempos modernos que vinieron con la independencia.
Llevamos doscientos años apegados a los ritos y a las pompas de la vida republicana, pero los fantasmas del mundo colonial todavía nos persiguen: el latifundio, la concepción autoritaria del poder, la desigualdad social, la omnipresencia de la religión y el desprecio por los bienes públicos, todo esto hace parte de una etapa colonial que no hemos podido superar.
Así, pues, Colombia parece una nación joven e inmadura. Esto puede ser un augurio del futuro largo y próspero que nos espera, pero también es una advertencia de que si no abandonamos esa crisálida épica y poderosa que nos aprisiona, nunca lograremos levantar el vuelo.
*Profesor de la Universidad Nacional e investigador de Dejusticia.
El discreto encanto de la servidumbre
María García de la Torre

La servidumbre seduce a los colombianos. Les encanta que otros los sirvan, que laven sus platos, limen sus uñas, cuiden sus niños y empaquen y desempaquen su mercado. No todos pueden costearlo, claro, pero podría decirse que para muchos es sinónimo de estatus tener una empleada doméstica, vivir en un edificio con portero, ir a un centro comercial donde parqueen y laven el carro. Contar con servidumbre -o sirvientes, como se los clasifica de puertas para dentro- ha mantenido una innumerable cantidad de 'cargos' que muchos países considerarían anacrónicos.

Hoy en día calificaríamos de "brutalidad" contratar a un indígena para 'transportar' a otro en su espalda. Amarrarle una silla y simplemente contemplar el paisaje mientras el pobre hombre camina descalzo por trochas empinadas. Hoy es brutalidad, antaño era obligatoriedad para la élite colonial. Sin embargo, con la modernidad han llegado nuevas formas de servidumbre camufladas en oficios que perpetúan la pereza de otros.

Al parecer, el esfuerzo que representa empacar el propio mercado representa un esfuerzo sobrehumano. Porque casi todos los supermercados contratan un joven que empaca la mermelada, la carne, las bebidas del cliente, mientras el cliente se queda quieto, mirándolo.

¿Qué le cuesta a alguien lavar los dos platos, el vaso y la olla que ensució para cenar? Al parecer, horrores, pues para eso le paga a una mujer que los lava por él. En promedio, solo para hacer mercado y cocinar un plato sencillo, una mujer bogotana utiliza el servicio de quince personas distintas. En un país como España o en Estados Unidos, el que tiene hambre es el mismo que merca y el mismo que cocina y lava los platos.

En ciertos casos, claro, es necesaria una ayuda extra, como cuando una madre soltera debe trabajar y encargarse del hogar y de su hijo sola. Pero ¿de verdad es indispensable que un hombre abra la puerta del parqueadero, que otro le eche la gasolina al carro, que otro empaque el mercado, que otro lo lleve hasta el carro, que otro -u otra- nos lave la ropa, los platos, que limpie la casa, que otro lave el carro, que otro maneje el carro y un gran etcétera?

Esta dependencia en la servidumbre es ostensible en el quejido lastimero de la joven que pide consejo a sus amigas para contratar una "empleada de confianza" porque ya no tiene un solo plato limpio. ¿Qué tal si se levanta del sofá y los lava?

No parece tan sencillo, pues la herencia colonial ha enseñado a las señoritas que los oficios de la casa deben delegarlos en otros y que lavar su propia vajilla la rebajaría tanto como soltar una flatulencia en público.

El mensaje está tatuado en el subconsciente, al punto de que no se lo cuestiona. Meses atrás, una fotografía publicada por la revista de farándula '¡Hola!' levantó una polvareda. Las señoras de casa aparecían en primer plano y sus empleadas domésticas negras, en un segundo plano, con sendas bandejas de plata. Se cuestionó la pose, pero no la institución per se. En otras palabras, que haya sirvientas, pero que no se note.

Hasta hace muy poco, estas mujeres, internas en casas
La memoria de Pablo

Alberto Valencia G.

Debo empezar por confesar que me encuentro entre los que todas las noches a las nueve están pendientes de la serie sobre la vida de Pablo Escobar que presenta una de las cadenas nacionales de televisión. Aún estamos en los comienzos y no sabemos si tanto esfuerzo editorial va a terminar en una caricatura o en una historia aleccionadora; en la apertura de ‘un debate sobre el pasado’, como quieren los creadores del documental, o en la promoción de un ‘nuevo héroe’ para los niños de Colombia, como insinúa un columnista de Semana. Pero de todas maneras abramos la discusión sobre la significación de los episodios dolorosos de este pasado reciente.

Lo que más me llama la atención en la figura de un personaje nefasto de la vida colombiana como fue Pablo Escobar es que haya existido, y todavía perdure, sobre todo en los sectores populares de Medellín, una gran admiración por sus ‘hazañas’. Bien parece que en algunos barrios de esta ciudad aún se conmemora el 2 de diciembre el aniversario de la muerte de “un hombre noble que dedicó su vida a la lucha por la libertad de un pueblo oprimido por la injusticia”, según rezan los carteles. De nada vale recordar los 5.000 muertos que se le atribuyen, la responsabilidad por masacres infames de personas inocentes o la infinita crueldad contra todos aquellos que se interpusieran en su camino: “Pablo siempre estarás en nuestros corazones”, repiten en coro sus admiradores de los barrios marginales.

El hecho real y cierto es que lo que nos explica la admiración por esta figura, es que Pablo Escobar no representa propiamente el extravío de los altos valores de la cultura regional antioqueña, sino su realización suprema. Para muchas personas la existencia de Escobar es un ‘mero accidente’, ajeno a las tradiciones de una cultura caracterizada por el respeto, la honradez, el amor al trabajo, el esfuerzo individual, el valor de la familia y los valores cristianos. Pero no se dan cuenta de que el hecho de convertir el dinero en el dios supremo, y en el criterio de valoración absoluta, produce esta clase de monstruos. La sabiduría popular paisa pone en boca del padre moribundo este consejo: “Consiga plata hijo mío, consígala honradamente, pero si no… consiga plata”. Y eso representa este ‘héroe popular’: el éxito económico coronó su vida y eso es lo importante. Sus actividades malvadas pasan a un segundo plano como un agregado secundario y lo que predomina es la imagen de un ‘berraco’, de un hombre extremadamente inteligente, que “terminó siendo asesinado injustamente”.

La serie de la televisión, hasta donde vamos, ha sabido mostrarnos el vínculo entre el proyecto de vida de un hombre que ‘se hizo solo’ y su contexto regional: la madre alcahueta que cierra los ojos ante las fechorías de su hijo; la ‘esposa abnegada’ que termina por aceptar el uso de la prostitución por parte de su marido como un complemento necesario del matrimonio. Pero sobre todo las formas múltiples de la doble moral económica que lo caracteriza. Escobar es un hombre que al mismo tiempo que mata despiadadamente para garantizar el éxito de sus negocios abre una ‘cuenta de ahorros’ en el cielo con sus ‘inversiones sociales’ en buenas obras en los barrios populares que seguramente la ‘justicia divina’ le tendrá en cuenta en el balance final. El ‘empleo filantrópico de la riqueza’, como es usual allí, permite resarcir la culpa por las malas acciones ya que el dinero todo lo puede, no sólo entre los vivos sino en el mundo de ultratumba, de la gloria y de la bienaventuranza. Todo esto lo sabemos bien. Pero de lo que no somos suficientemente conscientes es de que estos valores han hecho metástasis en el conjunto del país, y hoy en día no tenemos un solo Escobar sino muchos. Amigo cuánto tienes cuánto vales.
Depresión y paranoia

Mauricio García Villegas
Publicado en: El Espectador, Julio 31 de 2009

ALGUNA VEZ LE OÍ DECIR A UN PROfesor de sicología que las enfermedades mentales dependen mucho de la sociedad en la que se vive. Así por ejemplo, me explicaba, mientras en los Estados Unidos mucha gente se deprime, en América Latina no faltan los paranoicos. No sé si mi colega tiene alguna teoría para explicar esta diferencia, pero la mía es esta:

En los países que tienen una gran clase media, que son por lo general países desarrollados, la gente siente que los demás, a pesar de tener más o menos dinero, son ciudadanos, como ellos. En nuestros países, en cambio, las diferencias sociales son tan grandes que la gente ve a los que no son de su clase social como extraños y desconfía de ellos. Esto no me lo estoy inventando yo; fue dicho a mediados del siglo XIX por el historiador Sir Henry James Maine. En las sociedades tradicionales, explicaba Maine, los lazos sociales dependen del estatus, mientras que en las sociedades modernas dependen del derecho. En las primeras dominan el padrinazgo, las relaciones de clientela y las palancas; en las segundas, en cambio, lo que importa es ley.

Mi teoría entonces es esta: en una sociedad moderna, la falta de desafíos engendra comportamientos depresivos; en una sociedad como la nuestra, la desconfianza produce paranoicos.

Es muy difícil probar lo que estoy diciendo, entre otras cosas porque en Colombia hay una mezcla de tradición y modernidad; sin embargo, creo que todos tenemos evidencias de lo mucho que aquí cuenta el estatus social. Cuando digo todos, lo digo en serio. No sólo me refiero a los ricos, a los blancos y a los que tienen apellidos ilustres —que aquí son los mismos—, sino también a los de clase media y a los pobres. En nuestro minucioso escalafón social cada cual encuentra sus amos y sus esclavos. En Bogotá los porteros son sumisos cuando se relacionan con los propietarios del edificio, pero déspotas cuando un transeúnte desorientado les pide información. Los choferes de taxi desprecian a los de bus por llevar pasajeros pobretones. Todos miran hacia arriba, bien sea para defenderse o para protegerse (con una palanca) o hacia abajo, para sentirse importantes o para tener a quien mandar.

Muchos subordinados hacen valer la jerarquía de sus superiores para imponerse frente a los que están más abajo. En Bogotá he visto a más de una secretaria enojarse con una colega a la que consideran inferior —porque su jefe es menos importante que el suyo—, sobre todo cuando esta última pretende hacer esperar en el teléfono al jefe de aquella.

Incluso en Medellín o en la costa, en donde las relaciones sociales son más desinhibidas, la jerarquía social se impone. El antioqueño rico puede parecer casi un amigo de su mayordomo, incluso tratarlo de vos, pero lo hace porque sabe muy bien que eso no significa una acercamiento entre ambos. En Antioquia pasa lo mismo que decía Fernando Díaz-Plaja sobre España: “Aquí, el señor que va al café habla con el camarero con una confianza que no se encuentra en Francia o en Italia, precisamente porque no teme que acabe sentándose a su lado”.

No estoy defendiendo la idea de una sociedad igualitaria en donde cada quien sea una ficha, un miembro del partido o un hijo de la patria. Lo que quisiera es vivir en un país de ciudadanos regidos por la ley; una ley indiferente y universal. Además, es más fácil lidiar con deprimidos que con paranoicos.


domingo, 30 de octubre de 2016

Ética y constitución- consolidado 3- trabajo y examen final

Trabajo final 3 – Ética y constitución política 2016-2

El trabajo final de Ética y constitución política puede realizarse en grupos hasta de tres personas. Son las siete preguntas que aparecen a continuación. Para el examen final ustedes deben ingresar al correo alfredoramososorio@gmail.com  y escribir la contraseña gatogato y encontrarán el texto en PDF. Ustedes deben leer de la página 11 a la 14, de la página 26 a la 33, y de la página 41 a la 46.

1.      La servidumbre seduce a los colombianos. Les encanta que otros los sirvan, que laven sus platos, limen sus uñas, cuiden sus niños y empaquen y desempaquen su mercado. No todos pueden costearlo, claro, pero podría decirse que para muchos es sinónimo de estatus tener una empleada doméstica, vivir en un edificio con portero, ir a un centro comercial donde parqueen y laven el carro. Contar con servidumbre -o sirvientes, como se los clasifica de puertas para dentro- ha mantenido una innumerable cantidad de 'cargos' que muchos países considerarían anacrónicos. ¿Por qué esta práctica cultural nos impide convertirnos en un país moderno? Explique.
2.      El profesor Yu Takeuchi, un japonés que vivió en Colombia por más de 50 años. Cuando le preguntaron cuál era la principal diferencia entre los japoneses y los colombianos, su respuesta fue esta: “Pues mire —dijo—, un colombiano es más inteligente que un japonés, pero dos japoneses son más inteligentes que dos colombianos”. La explicación de Takeuchi supone que un país es algo más, mucho más, que los individuos que lo componen. Un país es también, y sobre todo, un alma social, o como dicen ahora, una identidad colectiva. En Colombia hay muchos individuos pero muy poca sociedad. De acuerdo al texto anterior: ¿Qué efectos negativos genera en la política, la economía y la sociedad este tipo de característica cultural? Explique.
3.      En Colombia uno tiene la impresión de que existe una combinación de dos sistemas: un gobierno del pueblo, pero para los ricos. Algo así como una demo-plutocracia: el Gobierno recibe el apoyo abrumador de los más pobres, pero trabaja para defender los intereses de los más ricos. Explique el por qué se hace esta afirmación.
4.      Llevamos doscientos años apegados a los ritos y a las pompas de la vida republicana, pero los fantasmas del mundo colonial todavía nos persiguen: el latifundio, la concepción autoritaria del poder, la desigualdad social, la omnipresencia de la religión y el desprecio por los bienes públicos, todo esto hace parte de una etapa colonial que no hemos podido superar. Explique por qué cada uno de los fenómenos enumerados en el texto no nos permite construir una sociedad moderna y justa.
5.      Décadas marcadas por altos índices de violencia poco a poco nos han inoculado una cultura donde la vida humana resulta un bien “desechable“. Matar a otro -y ya no sólo porque nos perjudique, nos incomode o piense distinto de nosotros- sino, cosa aterradora, porque ha adquirido en nuestro medio un nuevo “estatus” como oportunidad de negocios, servicio mercadeable o peldaño para obtener reconocimientos, recompensas y ascensos, se ha venido convirtiendo -por cotidiano, por repetitivo- en algo banal, en un hecho más que poco interesa al ciudadano del común. Explique este pequeño texto, las causas de la violencia colombiana y las repercusiones en la vida social.
6.      Lea el texto: Por un país al alcance de los niños de Gabriel García Márquez que está en el blog analisisculturales.blogspot.com o en el blog contextospedagógicosy educativos.blogspot.com. Explique 3 características culturales que según el autor nos afectan como sociedad y qué propone para cambiar el rumbo cultural de Colombia.
7.      Colombia es un país con un tejido social muy maltrecho, en donde las relaciones sociales están marcadas por la desconfianza. Según la Encuesta Mundial de Valores, el 95% de los colombianos piensa que se debe ser muy cuidadoso al tratar a la gente, mientras que sólo un 4% reporta que se puede confiar en la mayoría de las personas. No dispongo de cifras, pero tengo la impresión de que aquí hay una correlación fuerte entre desconfianza y poca disposición al diálogo. Incluso en los ámbitos académicos, que son los que mejor conozco y en donde se supone que los argumentos y las palabras cuentan mucho, es muy común ver amistades destrozadas por pequeñeces e incluso convertidas en odios incurables que se habrían podido evitar con una conversación a tiempo. Una consecuencia directa de la falta de diálogo entre los querellantes es la difusión del chisme y la maledicencia, que en Colombia son una especie de deporte nacional. Aquí el rencor crece menos por los motivos que da la contraparte que por la práctica de la denigración. ¿Qué problemas nos genera este tipo de prácticas en la vida política y económica del país?