Mafias farmacéuticas
Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique
Muy pocos medios de comunicación lo han comentado. La opinión pública no ha sido alertada. Y sin embargo, las preocupantes conclusiones del Informe final (1), publicado por la Comisión Europea el pasado 8 de julio, sobre los abusos en materia de competencia en el sector farmacéutico merecen ser conocidas por los ciudadanos y ampliamente difundidas.
¿Qué dice ese informe? En síntesis: que, en el comercio de los medicamentos, la competencia no está funcionando, y que los grandes grupos farmacéuticos recurren a toda suerte de juegos sucios para impedir la llegada al mercado de medicinas más eficaces y sobre todo para descalificar los medicamentos genéricos mucho más baratos. Consecuencia: el retraso del acceso del consumidor a los genéricos se traduce en importantes pérdidas financieras no sólo para los propios pacientes sino para la Seguridad Social a cargo del Estado (o sea de los contribuyentes). Esto, además, ofrece argumentos a los defensores de la privatización de los Sistemas Públicos de Salud, acusados de ser fosos de déficits en el presupuesto de los Estados.
Los genéricos son medicamentos idénticos, en cuanto a principios activos, dosificación, forma farmacéutica, seguridad y eficacia, a los medicamentos originales producidos en exclusividad por los grandes monopolios farmacéuticos. El periodo de exclusividad, que se inicia desde el momento en que el producto es puesto a la venta, vence a los diez años; pero la protección de la patente del fármaco original dura veinte años. Entonces es cuando otros fabricantes tienen derecho a producir los genéricos que cuestan un 40% más baratos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la mayoría de los Gobiernos recomiendan el uso de genéricos porque, por su menor coste, favorecen el acceso equitativo a la salud de las poblaciones expuestas a enfermedades evitables (2).
El objetivo de las grandes marcas farmacéuticas consiste, por consiguiente, en retrasar por todos los medios posibles la fecha de vencimiento del periodo de protección de la patente; y se las arreglan para patentar añadidos superfluos del producto (un polimorfo, una forma cristalina, etc.) y extender así, artificialmente, la duración de su control del medicamento. El mercado mundial de los medicamentos representa unos 700.000 millones de euros (3); y una docena de empresas gigantes, entre ellas las llamadas " Big Pharma " -Bayer, GlaxoSmithKline (GSK), Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis-, controlan la mitad de ese mercado. Sus beneficios son superiores a los obtenidos por los poderosos grupos del complejo militar-industrial. Por cada euro invertido en la fabricación de un medicamento de marca, los monopolios ganan mil en el mercado (4). Y tres de esas firmas, GSK, Novartis y Sanofi, se disponen a ganar miles de millones de euros más en los próximos meses gracias a las ventas masivas de la vacuna contra el virus A(H1N1) de la nueva gripe (5).
Esas gigantescas masas de dinero otorgan a las " Big Pharma " una potencia financiera absolutamente colosal. Que usan en particular para arruinar, mediante múltiples juicios millonarios ante los tribunales, a los modestos fabricantes de genéricos. Sus innumerables lobbies hostigan también permanentemente a la Oficina Europea de Patentes (OEP), cuya sede se halla en Múnich, para retrasar la concesión de autorizaciones de entrada en el mercado a los genéricos. Asimismo lanzan campañas engañosas sobre estos fármacos bioequivalentes y asustan a los pacientes. El resultado es que, según el reciente Informe publicado por la Comisión Europea, los ciudadanos han tenido que esperar, por término medio, siete meses más de lo normal para acceder a los genéricos, lo cual se ha traducido en los últimos cinco años en un sobregasto innecesario de cerca de 3.000 millones de euros para los consumidores y en un 20% de aumento para los Sistemas Públicos de Salud.
La ofensiva de los monopolios farmacéutico-industriales no tiene fronteras. También estarían implicados en el reciente golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras, país que importa todas sus medicinas, producidas fundamentalmente por las " Big Pharma ". Desde que Honduras ingresó en el ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de América), en agosto de 2008, Manuel Zelaya negociaba un acuerdo comercial con La Habana para importar genéricos cubanos, con el propósito de reducir los gastos de funcionamiento de los hospitales públicos hondureños. Además, en la Cumbre del 24 de junio pasado, los Presidentes del ALBA se comprometieron a "revisar la doctrina sobre la propiedad industrial", o sea, la intangibilidad de las patentes en materia de medicamentos. Estos dos proyectos, que amenazaban directamente sus intereses, impulsaron a los grupos farmacéuticos transnacionales a apoyar con fuerza el movimiento golpista que derrocaría a Zelaya el 28 de junio último (6).
Asimismo, Barack Obama, deseoso de reformar el sistema de salud de Estados Unidos que deja sin cobertura médica a 47 millones de ciudadanos, está afrontando las iras del complejo farmacéutico-industrial. Aquí, las sumas en juego son gigantescas (los gastos de salud representan el equivalente del 18% del PIB) y las controla un vigoroso lobby de intereses privados que reúne, además de las " Big Pharma ", a las grandes compañías de seguros y a todo el sector de las clínicas y de los hospitales privados. Ninguno de estos actores quiere perder sus opulentos privilegios. Por eso, apoyándose en los grandes medios de comunicación más conservadores y en el Partido Republicano, están gastando decenas de millones de dólares en campañas de desinformación y de calumnias contra la necesaria reforma del sistema de salud.
Es una batalla crucial. Y sería dramático que las mafias farmacéuticas la ganasen. Porque redoblarían entonces los esfuerzos para atacar, en Europa y en el resto del mundo, el despliegue de los medicamentos genéricos y la esperanza de unos sistemas de salud menos costosos y más solidarios.
Notas:
(1) http://ec.europa.eu/comm/competition/sectors/ pharmaceuticals/inquiry/index.html
(2) El 90% de los gastos de la gran industria farmacéutica para el desarrollo de nuevos fármacos está destinado a enfermedades que sólo padece el 10% de la población mundial.
(3) Intercontinental Marketing Services (IMS) Health, 19 de marzo de 2009.
(4) Carlos Machado, "La mafia farmacéutica. Peor el remedio que la enfermedad", 5 de marzo de 2007 (www.ecoportal.net/content/view/full/67184).
(5) Léase, Ignacio Ramonet, "Los culpables de la gripe porcina", Le Monde diplomatique en español , junio de 2009.
(6) Observatorio Social Centroamericano, 29 de junio de 2009.
martes, 19 de abril de 2011
domingo, 27 de marzo de 2011
Negocio redondo
Negocio redondo
Un estudio reciente del Instituto de Medicina de Estados Unidos revela evidencia contundente sobre los vínculos entre la publicidad de alimentos dirigida a los niños y la obesidad infantil.
Por Ilse Borrero*
Fecha: 07/24/2006 -
“Has comido mucho dulce y nada que te alimente, no puedes comer más chocolate”, le gritaba en el supermercado hace unos días, ya con furia, una madre desesperada a su hijo de unos tres años, mientras luchaba por arrancarle de sus rollizos deditos un pirulí de chocolate al que el chiquitín se aferraba con el único y valioso argumento que repetía entre su escandaloso llanto: “el chocolate me da energía, eso dice la tele”. ¿Y quién se lo discutía? La publicidad se ha convertido en la máxima autoridad nutricional de los niños.
Así lo demuestra una investigación adelantada por el Instituto de Medicina de Estados Unidos (IOM), a petición del Congreso de ese país, para analizar qué tanta responsabilidad le cabía a la publicidad que anuncia comidas y golosinas infantiles en el sobrepeso entre los niños estadounidenses.
El documento del IOM, titulado: Mercadeo de alimentos para niños y jóvenes: ¿Amenaza u oportunidad? (Marketing to Children and Youth: Threat or Opportunity) es contundente al señalar que los productores y anunciantes de este tipo de “comida ‘chatarra’”, no sólo están ayudando a engordar y enfermar a los niños, al invitarlos a consumir algo que les hace daño, sino que intencionalmente se estarían aprovechando de la inocencia de los pequeños para engrosar sus bolsillos, a costo de la salud de los menores.
El New England Journal of Medicine, una de las publicaciones médicas más respetadas en el mundo, el estudio deja claro que el mercadeo de gaseosas, paqueticos, dulces, etc., va dirigido expresamente a niños que aún no pueden distinguir entre lo que es propaganda y la realidad, y los induce, de esta manera, a consumir productos de alto contenido calórico y muy bajo aporte nutricional
Tras examinar 123 estudios previos, en la más completa revisión antes hecha a la bibliografía científica sobre los vínculos entre la publicidad de comidas para niños, sus hábitos de consumo y la capacidad de acumular grasa, la evidencia que encontraron los expertos del IOM concluye que la comercialización de estos alimentos sí influye fuertemente en las preferencias y los patrones de consumo de los menores, y aumenta, por consiguiente, el riesgo de obesidad entre ellos.
A pesar de ser un tema gordo, los resultados de la investigación no han sido muy publicitados. Aunque el IOM debe divulgar todas sus investigaciones, el reporte da cuenta de las dificultades que encontraron los expertos para obtener la información necesaria de las compañías de “comida ‘chatarra’”. Una probable explicación sería que el documento revela una lista con los nombres de varias importantes empresas de alimentos que realizan investigación de mercados dirigida específicamente a niños, incluso en edad preescolar, y que, a través de sesiones de muestras de fotografías, o de focus groups, intentan influir y escudriñar en las motivaciones sicológicas tras las preferencias alimenticias de los niños, y hasta en las siquis de las madres, como las personas que deciden qué se come y qué no, en los hogares.
El documento alerta sobre cómo este sector comercial está alimentando una gran base de datos y de investigación para explotar la capacidad de sugestión de los niños más pequeños pensando sólo en su negocio y no en la salud de los menores. Quizás el propósito más oscuro de la comercialización de estos productos es persuadir a los niños de comer alimentos hechos supuestamente “justo para ellos”, y no lo que comen los adultos. Algunas campañas buscan convencer a los niños de que ellos saben más que sus padres acerca de lo que se “debe” comer. De esta forma, como señala el informe, los publicistas explícitamente tratan de minar las decisiones familiares sobre las preferencias alimenticias, al venderles a los niños la idea de que son ellos y no los mayores quienes deben controlar esas decisiones.
Un problema mundial
Según cifras del Centro Nacional de Estadísticas (NCHS) de Estados Unidos, se estima que un 17% de los niños y adolescentes en edades entre los 2 y 19 años tiene sobrepeso, unas cifras que se han triplicado desde finales de los 70 hacia acá, y cuyas consecuencias directas se ven reflejadas en el aumento, también, de los casos de diabetes tipo 2 en las consultas de los pediatras. La preocupación aumenta si se tiene en cuenta que 30% de los niños y niñas obesos acaban siendo adultos obesos. Colombia no está ajena a esa problemática y figura hoy en el tercer lugar de Latinoamérica en los índices de obesidad, después de Brasil y México. Y aunque no existen estudios muy recientes, se estima que en el país, uno de cada 15 niños tiene sobrepeso u obesidad.
Las conclusiones de este estudio son altamente preocupantes porque, como señala el Profesor de la Universidad de Nueva York Marion Nestle, autoridad mundial en nutrición y salud pública, a pesar de que los publicistas se resguardan en la libertad de expresión y de mercado y se justifican en estar “entrenando” a los menores para su ingreso a la cultura del consumo, es claro también que ellos no están vendiendo cualquier producto de consumo, “están ofreciendo comida ‘chatarra’ a niños que estarían mejor si no la comen”. De hecho, en otro estudio sobre la dieta de la población escolar en Estados Unidos, reportado por la OPS, se demostró que una lata diaria de bebida azucarada aumentaba el riesgo de obesidad infantil en un 60%. Nuestro organismo metaboliza hasta 100 gramos de azúcar en el hígado y 200 gramos en los músculos. El resto se convierte en grasa.
Sin embargo –revela el informe–, desde 1994, estas empresas en Estados Unidos han lanzado al mercado cerca de 600 nuevos productos hipercalóricos para niños; la mitad de ellos dulces, chicles y golosinas de esas de colores y formas impensables, texturas viscosas o flexibles que adornan y desbordan hoy las cajas de supermercados de todo el planeta, donde, fijo, de algo se antojan los menores. Según expertos, hacia los dos años la mayoría de los niños puede ya reconocer productos en exhibición y pedirlos por su nombre. Por supuesto, el presupuesto que invierten estas empresas en publicidad anualmente es igual de abultado al de sus intereses y se estima en 10 billones de dólares. Para hacernos una idea, en 2004, Kellogg gastó 22,2 millones sólo en publicidad en los medios; Cheez it, 139,8 millones, y ni hablar del gigante Mc Donalds, que gastó 528,8 millones, que se tradujeron en ventas por 24,4 billones y quién sabe cuantos miles de niños obesos más.
Aunque la televisión sigue siendo el medio preferido por los anunciantes para vender esta comida, se imponen nuevas modalidades. Las presentaciones del producto en juguetes, juegos, tatuajes, calcomanías, materiales educativos, canciones; y el empleo de celebridades, caricaturas y superhéroes, son estrategias cada día más utilizadas, lo mismo que campañas menos visibles, pero igual de impactantes, a través de Internet .
La investigación del IOM advierte “la necesidad y la oportunidad para utilizar esa fuerza e influencia de la comercialización del mercado de comidas y bebidas infantiles hacia una mejor dieta de los niños y jóvenes americanos”, y por ahí derecho, claro está, la de los menores de todo el mundo a quienes cada día llegan más sus productos y sus anuncios gracias a la globalización.
La reacción de las compañías
Para sortear los primeros pleitos judiciales y ante la amenaza de una avalancha de demandas de parte de grupos de defensa y padres de familia, las compañías han empezado a enmendar su pecado con apoyos a programas de salud y promoción del ejercicio. También se esfuerzan por hacer parecer sus productos más saludables. Así, es cada vez más frecuente encontrar dulces y bebidas azucaradas enriquecidos con fibra, vitaminas y minerales, cereales y chocolates integrales y pasabocas de paquete bajos en grasa.
Pero, como señala el IOM en su documento, las compañías deben hacer mucho más. Los esfuerzos realizados por el sector y por las agencias del gobierno encargadas de promover una alimentación más saludable entre los más pequeños “está lejos o muy por debajo de su potencial real”; y sentencia: “Si los esfuerzos voluntarios del sector por reenfocar la publicidad sobre los alimentos saludables fallan, entonces el Congreso debería legislar sobre el tema y ordenar por ley ese cambio”. Lamentablemente, el poder del IOM sólo le alcanza para hacer recomendaciones.
Más de 50 países regulan la publicidad en televisión dirigida a niños. En lugares como Australia, por ejemplo, está prohibida la publicidad de alimentos para niños menores de 14 años; Holanda restringe los anuncios de dulces y confites para aquellos menores de 12, y Suecia no permite el uso de historietas y caricaturas para promover los alimentos a los niños de menos de 12 años. Pero ni siquiera estas medidas han funcionado para frenar el avance de la obesidad infantil. Las tasas de esta enfermedad en la Unión Europea también están en alza. Mientras tanto, las acciones en Estados Unidos, donde el mal es considerado ya una epidemia, se limitan a aplicar regulaciones sólo al tiempo al aire de los comerciales. Se permiten hasta 12 minutos de comerciales por hora entre semana, y 10 minutos y medio minutos por hora, los fines de semana.
El informe desafía, pues, a los anunciantes, a usar su creatividad para promover una alimentación más sana, y da evidencia suficiente a las autoridades para que intervengan de manera directa sobre el problema, e impongan controles y prohibiciones sobre el uso de caricaturas, celebridades y juguetes como gancho para alentar a los niños a consumir estos alimentos repletos de calorías. Así mismo, comprometiendo a escuelas, colegios y medios de comunicación a estimular el consumo de frutas y vegetales. Y quizá lo más importante, obligar a estas empresas productoras a informar, en etiquetas y empaques, los peligros que sus productos suponen para la salud. A lo mejor, esto tampoco será suficiente. Pero, sin duda, los padres la verán más fácil para animar a sus niños a comer más saludablemente.
Un estudio reciente del Instituto de Medicina de Estados Unidos revela evidencia contundente sobre los vínculos entre la publicidad de alimentos dirigida a los niños y la obesidad infantil.
Por Ilse Borrero*
Fecha: 07/24/2006 -
“Has comido mucho dulce y nada que te alimente, no puedes comer más chocolate”, le gritaba en el supermercado hace unos días, ya con furia, una madre desesperada a su hijo de unos tres años, mientras luchaba por arrancarle de sus rollizos deditos un pirulí de chocolate al que el chiquitín se aferraba con el único y valioso argumento que repetía entre su escandaloso llanto: “el chocolate me da energía, eso dice la tele”. ¿Y quién se lo discutía? La publicidad se ha convertido en la máxima autoridad nutricional de los niños.
Así lo demuestra una investigación adelantada por el Instituto de Medicina de Estados Unidos (IOM), a petición del Congreso de ese país, para analizar qué tanta responsabilidad le cabía a la publicidad que anuncia comidas y golosinas infantiles en el sobrepeso entre los niños estadounidenses.
El documento del IOM, titulado: Mercadeo de alimentos para niños y jóvenes: ¿Amenaza u oportunidad? (Marketing to Children and Youth: Threat or Opportunity) es contundente al señalar que los productores y anunciantes de este tipo de “comida ‘chatarra’”, no sólo están ayudando a engordar y enfermar a los niños, al invitarlos a consumir algo que les hace daño, sino que intencionalmente se estarían aprovechando de la inocencia de los pequeños para engrosar sus bolsillos, a costo de la salud de los menores.
El New England Journal of Medicine, una de las publicaciones médicas más respetadas en el mundo, el estudio deja claro que el mercadeo de gaseosas, paqueticos, dulces, etc., va dirigido expresamente a niños que aún no pueden distinguir entre lo que es propaganda y la realidad, y los induce, de esta manera, a consumir productos de alto contenido calórico y muy bajo aporte nutricional
Tras examinar 123 estudios previos, en la más completa revisión antes hecha a la bibliografía científica sobre los vínculos entre la publicidad de comidas para niños, sus hábitos de consumo y la capacidad de acumular grasa, la evidencia que encontraron los expertos del IOM concluye que la comercialización de estos alimentos sí influye fuertemente en las preferencias y los patrones de consumo de los menores, y aumenta, por consiguiente, el riesgo de obesidad entre ellos.
A pesar de ser un tema gordo, los resultados de la investigación no han sido muy publicitados. Aunque el IOM debe divulgar todas sus investigaciones, el reporte da cuenta de las dificultades que encontraron los expertos para obtener la información necesaria de las compañías de “comida ‘chatarra’”. Una probable explicación sería que el documento revela una lista con los nombres de varias importantes empresas de alimentos que realizan investigación de mercados dirigida específicamente a niños, incluso en edad preescolar, y que, a través de sesiones de muestras de fotografías, o de focus groups, intentan influir y escudriñar en las motivaciones sicológicas tras las preferencias alimenticias de los niños, y hasta en las siquis de las madres, como las personas que deciden qué se come y qué no, en los hogares.
El documento alerta sobre cómo este sector comercial está alimentando una gran base de datos y de investigación para explotar la capacidad de sugestión de los niños más pequeños pensando sólo en su negocio y no en la salud de los menores. Quizás el propósito más oscuro de la comercialización de estos productos es persuadir a los niños de comer alimentos hechos supuestamente “justo para ellos”, y no lo que comen los adultos. Algunas campañas buscan convencer a los niños de que ellos saben más que sus padres acerca de lo que se “debe” comer. De esta forma, como señala el informe, los publicistas explícitamente tratan de minar las decisiones familiares sobre las preferencias alimenticias, al venderles a los niños la idea de que son ellos y no los mayores quienes deben controlar esas decisiones.
Un problema mundial
Según cifras del Centro Nacional de Estadísticas (NCHS) de Estados Unidos, se estima que un 17% de los niños y adolescentes en edades entre los 2 y 19 años tiene sobrepeso, unas cifras que se han triplicado desde finales de los 70 hacia acá, y cuyas consecuencias directas se ven reflejadas en el aumento, también, de los casos de diabetes tipo 2 en las consultas de los pediatras. La preocupación aumenta si se tiene en cuenta que 30% de los niños y niñas obesos acaban siendo adultos obesos. Colombia no está ajena a esa problemática y figura hoy en el tercer lugar de Latinoamérica en los índices de obesidad, después de Brasil y México. Y aunque no existen estudios muy recientes, se estima que en el país, uno de cada 15 niños tiene sobrepeso u obesidad.
Las conclusiones de este estudio son altamente preocupantes porque, como señala el Profesor de la Universidad de Nueva York Marion Nestle, autoridad mundial en nutrición y salud pública, a pesar de que los publicistas se resguardan en la libertad de expresión y de mercado y se justifican en estar “entrenando” a los menores para su ingreso a la cultura del consumo, es claro también que ellos no están vendiendo cualquier producto de consumo, “están ofreciendo comida ‘chatarra’ a niños que estarían mejor si no la comen”. De hecho, en otro estudio sobre la dieta de la población escolar en Estados Unidos, reportado por la OPS, se demostró que una lata diaria de bebida azucarada aumentaba el riesgo de obesidad infantil en un 60%. Nuestro organismo metaboliza hasta 100 gramos de azúcar en el hígado y 200 gramos en los músculos. El resto se convierte en grasa.
Sin embargo –revela el informe–, desde 1994, estas empresas en Estados Unidos han lanzado al mercado cerca de 600 nuevos productos hipercalóricos para niños; la mitad de ellos dulces, chicles y golosinas de esas de colores y formas impensables, texturas viscosas o flexibles que adornan y desbordan hoy las cajas de supermercados de todo el planeta, donde, fijo, de algo se antojan los menores. Según expertos, hacia los dos años la mayoría de los niños puede ya reconocer productos en exhibición y pedirlos por su nombre. Por supuesto, el presupuesto que invierten estas empresas en publicidad anualmente es igual de abultado al de sus intereses y se estima en 10 billones de dólares. Para hacernos una idea, en 2004, Kellogg gastó 22,2 millones sólo en publicidad en los medios; Cheez it, 139,8 millones, y ni hablar del gigante Mc Donalds, que gastó 528,8 millones, que se tradujeron en ventas por 24,4 billones y quién sabe cuantos miles de niños obesos más.
Aunque la televisión sigue siendo el medio preferido por los anunciantes para vender esta comida, se imponen nuevas modalidades. Las presentaciones del producto en juguetes, juegos, tatuajes, calcomanías, materiales educativos, canciones; y el empleo de celebridades, caricaturas y superhéroes, son estrategias cada día más utilizadas, lo mismo que campañas menos visibles, pero igual de impactantes, a través de Internet .
La investigación del IOM advierte “la necesidad y la oportunidad para utilizar esa fuerza e influencia de la comercialización del mercado de comidas y bebidas infantiles hacia una mejor dieta de los niños y jóvenes americanos”, y por ahí derecho, claro está, la de los menores de todo el mundo a quienes cada día llegan más sus productos y sus anuncios gracias a la globalización.
La reacción de las compañías
Para sortear los primeros pleitos judiciales y ante la amenaza de una avalancha de demandas de parte de grupos de defensa y padres de familia, las compañías han empezado a enmendar su pecado con apoyos a programas de salud y promoción del ejercicio. También se esfuerzan por hacer parecer sus productos más saludables. Así, es cada vez más frecuente encontrar dulces y bebidas azucaradas enriquecidos con fibra, vitaminas y minerales, cereales y chocolates integrales y pasabocas de paquete bajos en grasa.
Pero, como señala el IOM en su documento, las compañías deben hacer mucho más. Los esfuerzos realizados por el sector y por las agencias del gobierno encargadas de promover una alimentación más saludable entre los más pequeños “está lejos o muy por debajo de su potencial real”; y sentencia: “Si los esfuerzos voluntarios del sector por reenfocar la publicidad sobre los alimentos saludables fallan, entonces el Congreso debería legislar sobre el tema y ordenar por ley ese cambio”. Lamentablemente, el poder del IOM sólo le alcanza para hacer recomendaciones.
Más de 50 países regulan la publicidad en televisión dirigida a niños. En lugares como Australia, por ejemplo, está prohibida la publicidad de alimentos para niños menores de 14 años; Holanda restringe los anuncios de dulces y confites para aquellos menores de 12, y Suecia no permite el uso de historietas y caricaturas para promover los alimentos a los niños de menos de 12 años. Pero ni siquiera estas medidas han funcionado para frenar el avance de la obesidad infantil. Las tasas de esta enfermedad en la Unión Europea también están en alza. Mientras tanto, las acciones en Estados Unidos, donde el mal es considerado ya una epidemia, se limitan a aplicar regulaciones sólo al tiempo al aire de los comerciales. Se permiten hasta 12 minutos de comerciales por hora entre semana, y 10 minutos y medio minutos por hora, los fines de semana.
El informe desafía, pues, a los anunciantes, a usar su creatividad para promover una alimentación más sana, y da evidencia suficiente a las autoridades para que intervengan de manera directa sobre el problema, e impongan controles y prohibiciones sobre el uso de caricaturas, celebridades y juguetes como gancho para alentar a los niños a consumir estos alimentos repletos de calorías. Así mismo, comprometiendo a escuelas, colegios y medios de comunicación a estimular el consumo de frutas y vegetales. Y quizá lo más importante, obligar a estas empresas productoras a informar, en etiquetas y empaques, los peligros que sus productos suponen para la salud. A lo mejor, esto tampoco será suficiente. Pero, sin duda, los padres la verán más fácil para animar a sus niños a comer más saludablemente.
El adolescente global
El adolescente global
Naomi Klein
Diversidad. La que sea- Eslogan de una campaña publicitaria de 1998 – 19999 de los garndea almacenes de Canadá.
Por supuesto, no todos son igualmente favorables a la idea de tratar la cultura y la nacionalidad como accesorios de moda de quita y pon. Quienes han peleado guerras y sobrevivido revoluciones tienden a proteger sus tradiciones nacionales. Los absolutamente pobres, que constituyen un cuarto de la población mundial, tampoco tienen problemas para aceptar la homogenización mundial, sobretodo porque la televisión por cable y la mayoría de los productos de marca son solo un rumor en esas partes del mundo en vías de desarrollo, donde un total de 1.300 millones de personas viven con un dólar o menos al día. No, la gran esperanza mundial son los jóvenes que viven en los países desarrollados y semidesarrollados. Más que nada y que nadie, los adolescentes de clase media, cubiertos de marcas y decididos a introducirse en el molde creado por los medios, se han convertido en los símbolos más poderosos de la globalización.
Esto ha sucedido por diversas razones. La primera es que, como en el mercado estadounidense, hay muchísimos de ellos. El mundo rebosa de adolescentes, especialmente en los países del sur donde la ONU calcula que 507 millones de adultos morirán antes de cumplir 40 años. Dos tercios de la población de Asia tienen menos de 30 a causa de los años de sangrientas guerras, y alrededor del 50% e la población de Vietnam nació después de 1975. En total, se considera que el sector demográfico juvenil mundial comprende 1000 millones de personas, y esos adolescentes consumen una cuota desproporcionada de los ingresos de sus familias. En China, por ejemplo, sigue siendo poco probable que todos los miembros de la familia practiquen un consumismo elevado. Pero, según dicen los investigadores e mercado, los chinos hacen enormes sacrificios por la juventud, y en especial por los barones pequeños, un valor de gran interés para los fabricantes de teléfonos móviles y de zapatillas. Laurie Klein, de Just Kid Inc., una empresa estadounidense que hizo un estudio de los adolescentes chinos, descubrió que si bien la mama, el papa y los abuelos pueden prescindir de la electricidad, su hijo único (de acuerdo con la política nacional de control de la natalidad) suele disfrutar de lo que se conoce como “el síndrome de pequeño emperador” que ella denomina el fenómeno “del 4-2-1” cuatro ancianos y dos personas mayores se privan de todo para que un niño pueda convertirse en un clon de la MTV. “Cuando los padres y cuatro abuelos gastan en un solo niño, no es difícil saber que ése es el mercado adecuado”, dice un capitalista que opera en China. Además, dado que los niños absorben mejor la cultura de sus padres, muchas veces se convierte en los compradores más asiduos de la familia, incluso en lo relacionado con los artículos básicos del hogar. En general, lo que indica este estudio es que aunque los adultos pueden mantener sus tradiciones y costumbres, los adolescentes mundiales las están abandonando como si fueran las modas del año anterior. “Prefieren la coca-cola al te, las Nike a las sandalias, los Chicken McNuggets al arroz y las tarjetas de crédito al dinero”, dijo Wall Street Journal Joseph Quinlan, economista sénior de Dan Witter Reynolds Inc. El mensaje es claro: gañese a los chicos y tendrá toda la familia y el mercado del futuro.
Magnificada por esta retórica, la imagen del adolescente global sobrevuela el planeta como una alucinación eufórica de las empresas. Estos niños, insisten en decirnos, no viven en un lugar geográfico, sino en un espacio mundial de consumo, conectados desde sus teléfonos móviles con bloques de noticias de Internet; los reúnen las playstations de Sony, los videos de la MTV y los juegos de la NBA. El “Estudio sobre los Adolescentes del Nuevo Mundo” entrevistó a 27.600 jóvenes de clase media de cuarenta y cinco países, cuyas edades oscilaban entre los 15 y los 18 años, y ofreció excelentes noticias a sus clientes, entre los que se cuentan Coca – Cola, Burger King y Philips. “A pesar de las diferencias culturales, los jóvenes de clase media de todo el mundo parecen vivir en un universo paralelo. Se levantan por la mañana y se ponen sus Levi´s y sus Niké, toman sus abrigos, sus macutos y sus CD Sony y se marchan al colegio”. Elissa Moses, vicepresidenta primera de la agencia publicitaria, calificó la aparición del sector demográfico juvenil como “una de las mayores oportunidades de comercialización de todos los tiempos”. Pero antes de que las marcas logren vender los mismos productos del mismo modo en todo el planeta, los primeros jóvenes deben identificarse con una nueva condición demográfica. Por esta razón, lo que la mayoría de las campañas publicitarias mundiales siguen vendiendo más agresivamente es la idea del mercado juvenil mundial, un caleidoscopio de rostros de todas las etnias que se confunden entre sí: trenzas rasta, cabellos rosados, manos pintadas con henna, algunas banderas nacionales y carteles luminosos extranjeros, en cantonés y en árabe, y unos toques de palabras inglesas, todo ello sobre capas de ejemplares de música electrónica. La nacionalidad, la lengua, la etnia, la religión y la política quedan reducidos a sus accesorios más coloridos y exóticos, asegurándonos al unísono que, como Renzo Rosso, el presidente de Diesel, “nunca hay un “ellos y nosotros”, sino un gigantesco “nosotros”.
Para alcanzar este estado de unicidad, a veces es necesario poner a los adolescentes globales en contra de sus anticuados mayores, a quienes no les gusta el aspecto radical de la tela de los vaqueros. Por ejemplo, un anuncio televisivo de los vaqueros Diesel muestra dos adolescentes coreanos que se convierten en aves después de suicidarse en conjunto, encontrando la felicidad solamente en la rendición incondicional a esa marca. En ellos, el producto final es el adolescente global, y no el refresco, el helado, las zapatillas ni los pantalones, que debe existir como realidad demográfica en la mente de los consumidores jóvenes de todo el mundo, pues de otro modo todo el ejercicio del marketing global se derrumba. Por esta razón, el marketing joven global es repetitivo y adormecedor, ebrio con la idea de lo que intenta crear: un tercer concepto de nacionalidad que no es estadounidense ni local, sino que reúne a los dos por medio de las compras.
En el centro del fenómeno de la juventud global se yergue MTV, que en 1998 llegaba a 273.5 millones de hogares de todo el mundo , sólo 70 millones de los cuales estaban en EE.UU. Hacia 1999, las ocho divisiones mundiales de la MTV emitían en 83 países y territorios, lo que es menos que el alcance de 212 países de la CNN, pero que aún así resulta impresionante. Además, el Estudio sobre los Adolescentes del Nuevo Mundo descubrió que el factor más importante que hace que gustos de los adolescentes de clase media que estudiaron sean los mismos, es la televisión, y en especial la MTV, que el 85% de ellos ve todos los días. Elissa Moses calificó a la emisora como “el principal boletín noticioso para crear imágenes de marca” y como “sistema público de referencia para toda una generación”. El alcance de esta programación no tiene precedentes desde la época en que las familias se reunían ante sus televisores para ver el programa de Ed Sullivan. Los adolescentes mundiales ven tanto MTV al día que la única experiencia cultural que comparten con sus padres es ante el estallido de una guerra, cuando todas sus miradas se dirigen hacia las imágenes de la CNN.
Y mientras más espectadores absorben la visión de la MTV de una tribu que intercambia culturas, que son los nómadas juveniles globales, más homogéneo es el mercado donde sus anunciadores venden sus productos. Según Chip Walter, director del Estudio sobre los Adolescentes del Nuevo Mundo, “es mucho más probable que los jóvenes que ven los vídeos musicales de la MTV vistan el mismo uniforme “juvenil” compuesto por vaqueros, zapatillas deportivas y cazadoras. Es mucho más probable que posean artículos electrónicos y que consuman productos “jóvenes” como caramelos, refrescos, pastas y comidas rápidas. También tienen mucha más probabilidad de emplear una amplia gama de productos de higiene personal”. En otras palabras, MTV Internacional se ha convertido en el catálogo más completo de las marcas en la vida actual.
Naomi Klein
Diversidad. La que sea- Eslogan de una campaña publicitaria de 1998 – 19999 de los garndea almacenes de Canadá.
Por supuesto, no todos son igualmente favorables a la idea de tratar la cultura y la nacionalidad como accesorios de moda de quita y pon. Quienes han peleado guerras y sobrevivido revoluciones tienden a proteger sus tradiciones nacionales. Los absolutamente pobres, que constituyen un cuarto de la población mundial, tampoco tienen problemas para aceptar la homogenización mundial, sobretodo porque la televisión por cable y la mayoría de los productos de marca son solo un rumor en esas partes del mundo en vías de desarrollo, donde un total de 1.300 millones de personas viven con un dólar o menos al día. No, la gran esperanza mundial son los jóvenes que viven en los países desarrollados y semidesarrollados. Más que nada y que nadie, los adolescentes de clase media, cubiertos de marcas y decididos a introducirse en el molde creado por los medios, se han convertido en los símbolos más poderosos de la globalización.
Esto ha sucedido por diversas razones. La primera es que, como en el mercado estadounidense, hay muchísimos de ellos. El mundo rebosa de adolescentes, especialmente en los países del sur donde la ONU calcula que 507 millones de adultos morirán antes de cumplir 40 años. Dos tercios de la población de Asia tienen menos de 30 a causa de los años de sangrientas guerras, y alrededor del 50% e la población de Vietnam nació después de 1975. En total, se considera que el sector demográfico juvenil mundial comprende 1000 millones de personas, y esos adolescentes consumen una cuota desproporcionada de los ingresos de sus familias. En China, por ejemplo, sigue siendo poco probable que todos los miembros de la familia practiquen un consumismo elevado. Pero, según dicen los investigadores e mercado, los chinos hacen enormes sacrificios por la juventud, y en especial por los barones pequeños, un valor de gran interés para los fabricantes de teléfonos móviles y de zapatillas. Laurie Klein, de Just Kid Inc., una empresa estadounidense que hizo un estudio de los adolescentes chinos, descubrió que si bien la mama, el papa y los abuelos pueden prescindir de la electricidad, su hijo único (de acuerdo con la política nacional de control de la natalidad) suele disfrutar de lo que se conoce como “el síndrome de pequeño emperador” que ella denomina el fenómeno “del 4-2-1” cuatro ancianos y dos personas mayores se privan de todo para que un niño pueda convertirse en un clon de la MTV. “Cuando los padres y cuatro abuelos gastan en un solo niño, no es difícil saber que ése es el mercado adecuado”, dice un capitalista que opera en China. Además, dado que los niños absorben mejor la cultura de sus padres, muchas veces se convierte en los compradores más asiduos de la familia, incluso en lo relacionado con los artículos básicos del hogar. En general, lo que indica este estudio es que aunque los adultos pueden mantener sus tradiciones y costumbres, los adolescentes mundiales las están abandonando como si fueran las modas del año anterior. “Prefieren la coca-cola al te, las Nike a las sandalias, los Chicken McNuggets al arroz y las tarjetas de crédito al dinero”, dijo Wall Street Journal Joseph Quinlan, economista sénior de Dan Witter Reynolds Inc. El mensaje es claro: gañese a los chicos y tendrá toda la familia y el mercado del futuro.
Magnificada por esta retórica, la imagen del adolescente global sobrevuela el planeta como una alucinación eufórica de las empresas. Estos niños, insisten en decirnos, no viven en un lugar geográfico, sino en un espacio mundial de consumo, conectados desde sus teléfonos móviles con bloques de noticias de Internet; los reúnen las playstations de Sony, los videos de la MTV y los juegos de la NBA. El “Estudio sobre los Adolescentes del Nuevo Mundo” entrevistó a 27.600 jóvenes de clase media de cuarenta y cinco países, cuyas edades oscilaban entre los 15 y los 18 años, y ofreció excelentes noticias a sus clientes, entre los que se cuentan Coca – Cola, Burger King y Philips. “A pesar de las diferencias culturales, los jóvenes de clase media de todo el mundo parecen vivir en un universo paralelo. Se levantan por la mañana y se ponen sus Levi´s y sus Niké, toman sus abrigos, sus macutos y sus CD Sony y se marchan al colegio”. Elissa Moses, vicepresidenta primera de la agencia publicitaria, calificó la aparición del sector demográfico juvenil como “una de las mayores oportunidades de comercialización de todos los tiempos”. Pero antes de que las marcas logren vender los mismos productos del mismo modo en todo el planeta, los primeros jóvenes deben identificarse con una nueva condición demográfica. Por esta razón, lo que la mayoría de las campañas publicitarias mundiales siguen vendiendo más agresivamente es la idea del mercado juvenil mundial, un caleidoscopio de rostros de todas las etnias que se confunden entre sí: trenzas rasta, cabellos rosados, manos pintadas con henna, algunas banderas nacionales y carteles luminosos extranjeros, en cantonés y en árabe, y unos toques de palabras inglesas, todo ello sobre capas de ejemplares de música electrónica. La nacionalidad, la lengua, la etnia, la religión y la política quedan reducidos a sus accesorios más coloridos y exóticos, asegurándonos al unísono que, como Renzo Rosso, el presidente de Diesel, “nunca hay un “ellos y nosotros”, sino un gigantesco “nosotros”.
Para alcanzar este estado de unicidad, a veces es necesario poner a los adolescentes globales en contra de sus anticuados mayores, a quienes no les gusta el aspecto radical de la tela de los vaqueros. Por ejemplo, un anuncio televisivo de los vaqueros Diesel muestra dos adolescentes coreanos que se convierten en aves después de suicidarse en conjunto, encontrando la felicidad solamente en la rendición incondicional a esa marca. En ellos, el producto final es el adolescente global, y no el refresco, el helado, las zapatillas ni los pantalones, que debe existir como realidad demográfica en la mente de los consumidores jóvenes de todo el mundo, pues de otro modo todo el ejercicio del marketing global se derrumba. Por esta razón, el marketing joven global es repetitivo y adormecedor, ebrio con la idea de lo que intenta crear: un tercer concepto de nacionalidad que no es estadounidense ni local, sino que reúne a los dos por medio de las compras.
En el centro del fenómeno de la juventud global se yergue MTV, que en 1998 llegaba a 273.5 millones de hogares de todo el mundo , sólo 70 millones de los cuales estaban en EE.UU. Hacia 1999, las ocho divisiones mundiales de la MTV emitían en 83 países y territorios, lo que es menos que el alcance de 212 países de la CNN, pero que aún así resulta impresionante. Además, el Estudio sobre los Adolescentes del Nuevo Mundo descubrió que el factor más importante que hace que gustos de los adolescentes de clase media que estudiaron sean los mismos, es la televisión, y en especial la MTV, que el 85% de ellos ve todos los días. Elissa Moses calificó a la emisora como “el principal boletín noticioso para crear imágenes de marca” y como “sistema público de referencia para toda una generación”. El alcance de esta programación no tiene precedentes desde la época en que las familias se reunían ante sus televisores para ver el programa de Ed Sullivan. Los adolescentes mundiales ven tanto MTV al día que la única experiencia cultural que comparten con sus padres es ante el estallido de una guerra, cuando todas sus miradas se dirigen hacia las imágenes de la CNN.
Y mientras más espectadores absorben la visión de la MTV de una tribu que intercambia culturas, que son los nómadas juveniles globales, más homogéneo es el mercado donde sus anunciadores venden sus productos. Según Chip Walter, director del Estudio sobre los Adolescentes del Nuevo Mundo, “es mucho más probable que los jóvenes que ven los vídeos musicales de la MTV vistan el mismo uniforme “juvenil” compuesto por vaqueros, zapatillas deportivas y cazadoras. Es mucho más probable que posean artículos electrónicos y que consuman productos “jóvenes” como caramelos, refrescos, pastas y comidas rápidas. También tienen mucha más probabilidad de emplear una amplia gama de productos de higiene personal”. En otras palabras, MTV Internacional se ha convertido en el catálogo más completo de las marcas en la vida actual.
sábado, 19 de marzo de 2011
Las transformaciones sociales
EL SURGIMIENTO DE LA SOCIEDAD DE CLASES
Alfredo Ramos
Hasta el siglo XVIII, la sociedad estaba dividida en estamentos, grupos prácticamente cerrados a los que se accedía por nacimiento. A cada uno le correspondía desempeñar un papel distinto en la sociedad: la defensa militar correspondía a la aristocracia, la función espiritual, que incluía la cultura y la enseñanza, era desempeñada por el clero, y la función de proporcionar la manutención, derivada del trabajo, era atribuida al denominado tercer estado.
Esta división tripartita tenía carácter legal y en los parlamentos (también, llamados Cortes o Estados generales), a cada estamento le correspondía un voto.
Sin embargo, la auténtica división social era dual: privilegiados y no privilegiados, existían, además, leyes diferentes para cada grupo. Así, por ejemplo, los estamentos privilegiados, aristocracia y clero, no pagaban impuestos y además podían cobrarlos en beneficio propio; no podían ser sometidos a tormento -práctica habitual en la época para obtener confesiones- ni ajusticiados mediante horca o garrote, penas que eran consideradas infamantes. En caso de ejecución, debían ser decapitados.
Las sucesivas oleadas revolucionarias y los cambios económicos provocarán intensas transformaciones. Las leyes particulares para cada estamento desaparecerán y, con ellas, los estamentos, pues todos los individuos serán considerados iguales ante la ley. Incluso ante la muerte: la Revolución francesa difundió el sistema de decapitación mediante la guillotina, que igualaba en el cadalso a reyes y miserables, a aristócratas y plebeyos. Sin embargo, las diferencias de riqueza se hicieron cada vez más acusadas. La sociedad quedó dividida en clases, y mientras los grupos superiores se enriquecían considerablemente y llevaban una vida de lujo, la mayoría de la población vivía en condiciones deplorables, al límite de la subsistencia. Entre ambos, un grupo, la clase media, atendía negocios familiares en las ciudades o explotaciones propias en los campos. Así, la nueva sociedad quedaba dividida en tres grandes grupos: clases superiores, medias y bajas.
Clases superiores. Estaban formadas por dos grupos de distinto origen: la aristocracia y la alta burguesía. La nobleza, aun perdiendo privilegios y derechos señoriales, se había visto beneficiada por la consolidación y ampliación de sus propiedades tras las desamortizaciones y cercamientos.
El término burguesía aludía en esta época a los grupos dedicados a los negocios (finanzas, comercio o industria), de los que eran propietarios total o parcialmente. Á la alta burguesía pertenecían los grandes banqueros, los constructores del ferrocarril, los empresarios del sector textil, la minería o la siderurgia, los propietarios de compañías navales y de astilleros, los especuladores enriquecidos con la construcción inmobiliaria, etc. Entre aristócratas y burgueses enriquecidos se fue produciendo un acercamiento, cada vez mayor, intensificado por los lazos familiares por vía matrimonial y la identificación económica e ideológica: eran partidarios de la defensa de la propiedad, el orden social, una, moral conservadora de fundamento católico e, incluso, llegaron a tener gustos y costumbres afines.
Aristocracia y alta burguesía eran los únicos grupos que ejercían sus derechos de participación política, si exceptuamos los cuadros militares superiores y las profesiones liberales (catedráticos, médicos, abogados). Todos ellos componían el bloque con el que se formaban los gobiernos y los restringidos parlamentos del liberalismo moderado.
Clases medias. En ellas se incluyen los grupos de la llamada pequeña burguesía, formada por tenderos y comerciantes, de telas y ultramarinos principalmente. Estos últimos sustituyeron al comercio artesanal de los talleres y la venta ambulante. En las décadas finales de siglo aparecieron, en algunas grandes ciudades como Paris, los primeros grandes almacenes, que pondrían en peligro la continuidad de los pequeños tenderos. También se incluían en este grupo los propietarios de negocios de tipo familiar, con un reducido número de trabajadores, dedicados sobre todo a objetos de consumo, como pequeñas empresas textiles, de calzado, confección, mueble o alimentarías (harinas, aceite, corcho ... ).
Por su nivel de renta, también deberían incluirse aquí las profesiones liberales y los cargos militares de alto rango, salvo por la peculiaridad ya señalada: gozan de derechos políticos en un sistema de sufragio restringido. En las zonas rurales, corresponderían también a las clases medias los trabajadores que labraban sus propias tierras y que, ocasionalmente, emplean trabajadores agrícolas. A menudo se trata de herederos que se hacen cargo de las tierras familiares mientras que el resto de los hermanos busca trabajo en las ciudades.
Clases bajas. Los trabajadores constituían la mayor parte de la población, como había sucedido siempre. La novedad fue, sin embargo, la aparición del proletariado, constituido por los emigrantes rurales convertidos en obreros de las fábricas, las minas o la construcción, y cuyo único sustento proviene de su fuerza de trabajo, alquilada a cambio de un salario. La única seguridad para su futuro es su prole, es decir, el número de hijos que tengan, muchos de los cuales trabajan desde cortas edades. Ante la precaria situación laboral, un accidente, un despido, el cierre de la fábrica o la vejez, pueden significar la ruina de las familias
El antiguo sistema de organización del trabajo artesanal se basaba en los gremios, asociaciones obligatorias para los artesanos de un mismo oficio existentes en cada ciudad. Los maestros, dueños de los talleres, fijaban la duración de la jornada, los salarios, las condiciones de aprendizaje... En los talleres gremiales convivía el maestro con sus aprendices y oficiales (asalariados). La producción se hacía por encargo y el artesano elaboraba íntegramente el objeto manufacturado. La supresión de toda reglamentación laboral, impuesta por el liberalismo mediante la supresión de los gremios, y el establecimiento de la libre contratación (libre empresa), así como la prohibición de formar asociaciones obreras -Ley Chapelier (1791) en Francia, Combination Acts (1799-1800) en Gran Bretaña- abocaron al empeoramiento y degradación de las condiciones laborales: extensas jornadas (de 14 o más horas), subempleo femenino e infantil, descenso de salarios, despido libre... En la fábrica, como un engranaje más de una enorme máquina, el obrero realiza siempre la misma parte del proceso de producción. La rentabilidad es mucho mayor, como observa el economista escocés Adam Smith, pero no se tienen en cuenta las consecuencias sociales.
La manera como se practica hoy la fabricación de alfileres, no sólo la fabricación misma constituye un oficio aparte, sino que está dividida en varios ramos ( ... ) Un obrero estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando en trozos Iguales, un quinto obrero está ocupado en limar el extremo donde se va a colocar la cabeza ( .. ) En fin, el importante trabajo de hacer un alfiler queda dividido de esta manera en unas dieciocho operaciones distintas ( ...) (en una fábrica con diez obreros) podían hacer cada día, en conjunto, más de 48. 000 alfileres, cuya cantidad, dividida entre diez, correspondía a 4.800 por persona. En cambio, si cada uno hubiera trabajado separada e independientemente, y ninguno hubiera sido adiestrado en esta clase de tarea, es seguro que no habría podido hacer veinte, o tal vez, ni un solo alfiler al día ( ... ) Este aumento considerable en la cantidad de productos que un mismo número de personas puede confeccionar, como consecuencia de la división del trabajo, procede de tres circunstancias distintas; primera, de la mayor destreza de cada obrero en particular; segunda, del ahorro de tiempo que comúnmente se pierde en pasar de una ocupación a otra, y por último, de la invención de un gran número de máquinas, que facilitan y abrevian el trabajo, capacitando a un hombre para hacer la labor de muchos ( … ). (A. Smith: La riqueza de las naciones (1776). Citado en: Artola, M.: Textos fundamentales para la historia. Madrid, Alianza, págs. 520-521.)
La misma degradación se produjo en sus condiciones de vida. Desarraigados, repartían su tiempo entre las agotadoras jornadas en la fábrica, el desempleo y la taberna. Sobrevivían en casas sombrías y húmedas, sin agua ni retrete, compartiendo cocina, cohabitando con algunos animales domésticos comunes entre la gente necesitada ante la inseguridad que suponía el paro forzoso, los despidos o los accidentes laborales. Las habitaciones en las que se hacinaban familias enteras, mal ventiladas, eran parte de casas que daban a calles sin pavimentar, encharcadas, con un ambiente irrespirable consecuencia del humo de las fábricas y de la descomposición de basuras y excrementos.
Importancia creciente adquiere la masa de sirvientes domésticos, (grupo en el que era mayoritaria la población femenina). En el campo, los jornaleros, auténticos obreros agrícolas, que eran especialmente numerosos en la Europa mediterránea, estaban sometidos frecuentemente al paro estacional junto a ellos, los pequeños propietarios que, incapaces de subsistir con sus parcelas, se emplean también como jornaleros.
LA LUCHA POR LA IGUALDAD
El siglo XIX fue pródigo en la luchas por el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. En Europa alimentados por las ideologías socialistas y anarquistas, y por la organización sindical, los trabajadores lograron: reducir la jornada laboral, mejorar las condiciones higiénicas y de seguridad en las empresas, aumentos salariales, pagos del servicio de salud, seguridad social, sistemas pensionales, etc.
Lo anterior no significa que las sociedades occidentales hayan logrado un sistema igualitario, todas siguen siendo sociedades desiguales. Los ricos controlan gran parte de la riqueza, tienen los mejores colegios y universidades, utilizan mejores médicos y consumen la mayor parte de bienes y servicios. La pobreza se mantiene y es mayor en los países cuyo nivel de desarrollo es menor. Por ejemplo, en América Latina si bien la clase media ha crecido con el desarrollo del capitalismo, sobre todo del sector servicios, los pobres tienen niveles de vida que rayan con la indigencia. En Colombia, por ejemplo, de los 44 millones de colombianos, 25 millones viven en la pobreza y 11 de esos 25, viven en la indigencia. En África la situación es más calamitosa. En Europa se ha logrado que la población goce de los beneficios básicos de la sociedad contemporánea.
Logros jurídicos
1. En las sociedades occidentales se defiende la igualdad ante la ley, aunque no necesariamente siempre es así.
2. Las sociedades occidentales valoran la autonomía y el esfuerzo personal. Esto no necesariamente se cumple a cabalidad, pues muchas veces el talento, el trabajo y las capacidades se ven superadas por el nacimiento y la posición social.
3. Las sociedades actuales se dividen en sociedades de la abundancia como Europa Occidental, Norteamérica y Japón, sociedades en vía de desarrollo, con graves problemas sociales, como América Latina, y sociedades paupérrimas como muchas africanas: Tanzania, Togo, Chad, Mauritania, Malí, etc.
4. Normalmente las personas viven cerca de las personas que son de su misma clase social.
Medidas de clase social
1. El prestigio: es la consideración social que tienen algunas profesiones u oficios.
2. La renta: Incluye los ingresos salariales más los beneficios que se derivan de las inversiones.
3. El patrimonio: Es el valor total de los bienes muebles e inmuebles, deduciendo las deudas pendientes.
Alfredo Ramos
Hasta el siglo XVIII, la sociedad estaba dividida en estamentos, grupos prácticamente cerrados a los que se accedía por nacimiento. A cada uno le correspondía desempeñar un papel distinto en la sociedad: la defensa militar correspondía a la aristocracia, la función espiritual, que incluía la cultura y la enseñanza, era desempeñada por el clero, y la función de proporcionar la manutención, derivada del trabajo, era atribuida al denominado tercer estado.
Esta división tripartita tenía carácter legal y en los parlamentos (también, llamados Cortes o Estados generales), a cada estamento le correspondía un voto.
Sin embargo, la auténtica división social era dual: privilegiados y no privilegiados, existían, además, leyes diferentes para cada grupo. Así, por ejemplo, los estamentos privilegiados, aristocracia y clero, no pagaban impuestos y además podían cobrarlos en beneficio propio; no podían ser sometidos a tormento -práctica habitual en la época para obtener confesiones- ni ajusticiados mediante horca o garrote, penas que eran consideradas infamantes. En caso de ejecución, debían ser decapitados.
Las sucesivas oleadas revolucionarias y los cambios económicos provocarán intensas transformaciones. Las leyes particulares para cada estamento desaparecerán y, con ellas, los estamentos, pues todos los individuos serán considerados iguales ante la ley. Incluso ante la muerte: la Revolución francesa difundió el sistema de decapitación mediante la guillotina, que igualaba en el cadalso a reyes y miserables, a aristócratas y plebeyos. Sin embargo, las diferencias de riqueza se hicieron cada vez más acusadas. La sociedad quedó dividida en clases, y mientras los grupos superiores se enriquecían considerablemente y llevaban una vida de lujo, la mayoría de la población vivía en condiciones deplorables, al límite de la subsistencia. Entre ambos, un grupo, la clase media, atendía negocios familiares en las ciudades o explotaciones propias en los campos. Así, la nueva sociedad quedaba dividida en tres grandes grupos: clases superiores, medias y bajas.
Clases superiores. Estaban formadas por dos grupos de distinto origen: la aristocracia y la alta burguesía. La nobleza, aun perdiendo privilegios y derechos señoriales, se había visto beneficiada por la consolidación y ampliación de sus propiedades tras las desamortizaciones y cercamientos.
El término burguesía aludía en esta época a los grupos dedicados a los negocios (finanzas, comercio o industria), de los que eran propietarios total o parcialmente. Á la alta burguesía pertenecían los grandes banqueros, los constructores del ferrocarril, los empresarios del sector textil, la minería o la siderurgia, los propietarios de compañías navales y de astilleros, los especuladores enriquecidos con la construcción inmobiliaria, etc. Entre aristócratas y burgueses enriquecidos se fue produciendo un acercamiento, cada vez mayor, intensificado por los lazos familiares por vía matrimonial y la identificación económica e ideológica: eran partidarios de la defensa de la propiedad, el orden social, una, moral conservadora de fundamento católico e, incluso, llegaron a tener gustos y costumbres afines.
Aristocracia y alta burguesía eran los únicos grupos que ejercían sus derechos de participación política, si exceptuamos los cuadros militares superiores y las profesiones liberales (catedráticos, médicos, abogados). Todos ellos componían el bloque con el que se formaban los gobiernos y los restringidos parlamentos del liberalismo moderado.
Clases medias. En ellas se incluyen los grupos de la llamada pequeña burguesía, formada por tenderos y comerciantes, de telas y ultramarinos principalmente. Estos últimos sustituyeron al comercio artesanal de los talleres y la venta ambulante. En las décadas finales de siglo aparecieron, en algunas grandes ciudades como Paris, los primeros grandes almacenes, que pondrían en peligro la continuidad de los pequeños tenderos. También se incluían en este grupo los propietarios de negocios de tipo familiar, con un reducido número de trabajadores, dedicados sobre todo a objetos de consumo, como pequeñas empresas textiles, de calzado, confección, mueble o alimentarías (harinas, aceite, corcho ... ).
Por su nivel de renta, también deberían incluirse aquí las profesiones liberales y los cargos militares de alto rango, salvo por la peculiaridad ya señalada: gozan de derechos políticos en un sistema de sufragio restringido. En las zonas rurales, corresponderían también a las clases medias los trabajadores que labraban sus propias tierras y que, ocasionalmente, emplean trabajadores agrícolas. A menudo se trata de herederos que se hacen cargo de las tierras familiares mientras que el resto de los hermanos busca trabajo en las ciudades.
Clases bajas. Los trabajadores constituían la mayor parte de la población, como había sucedido siempre. La novedad fue, sin embargo, la aparición del proletariado, constituido por los emigrantes rurales convertidos en obreros de las fábricas, las minas o la construcción, y cuyo único sustento proviene de su fuerza de trabajo, alquilada a cambio de un salario. La única seguridad para su futuro es su prole, es decir, el número de hijos que tengan, muchos de los cuales trabajan desde cortas edades. Ante la precaria situación laboral, un accidente, un despido, el cierre de la fábrica o la vejez, pueden significar la ruina de las familias
El antiguo sistema de organización del trabajo artesanal se basaba en los gremios, asociaciones obligatorias para los artesanos de un mismo oficio existentes en cada ciudad. Los maestros, dueños de los talleres, fijaban la duración de la jornada, los salarios, las condiciones de aprendizaje... En los talleres gremiales convivía el maestro con sus aprendices y oficiales (asalariados). La producción se hacía por encargo y el artesano elaboraba íntegramente el objeto manufacturado. La supresión de toda reglamentación laboral, impuesta por el liberalismo mediante la supresión de los gremios, y el establecimiento de la libre contratación (libre empresa), así como la prohibición de formar asociaciones obreras -Ley Chapelier (1791) en Francia, Combination Acts (1799-1800) en Gran Bretaña- abocaron al empeoramiento y degradación de las condiciones laborales: extensas jornadas (de 14 o más horas), subempleo femenino e infantil, descenso de salarios, despido libre... En la fábrica, como un engranaje más de una enorme máquina, el obrero realiza siempre la misma parte del proceso de producción. La rentabilidad es mucho mayor, como observa el economista escocés Adam Smith, pero no se tienen en cuenta las consecuencias sociales.
La manera como se practica hoy la fabricación de alfileres, no sólo la fabricación misma constituye un oficio aparte, sino que está dividida en varios ramos ( ... ) Un obrero estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando en trozos Iguales, un quinto obrero está ocupado en limar el extremo donde se va a colocar la cabeza ( .. ) En fin, el importante trabajo de hacer un alfiler queda dividido de esta manera en unas dieciocho operaciones distintas ( ...) (en una fábrica con diez obreros) podían hacer cada día, en conjunto, más de 48. 000 alfileres, cuya cantidad, dividida entre diez, correspondía a 4.800 por persona. En cambio, si cada uno hubiera trabajado separada e independientemente, y ninguno hubiera sido adiestrado en esta clase de tarea, es seguro que no habría podido hacer veinte, o tal vez, ni un solo alfiler al día ( ... ) Este aumento considerable en la cantidad de productos que un mismo número de personas puede confeccionar, como consecuencia de la división del trabajo, procede de tres circunstancias distintas; primera, de la mayor destreza de cada obrero en particular; segunda, del ahorro de tiempo que comúnmente se pierde en pasar de una ocupación a otra, y por último, de la invención de un gran número de máquinas, que facilitan y abrevian el trabajo, capacitando a un hombre para hacer la labor de muchos ( … ). (A. Smith: La riqueza de las naciones (1776). Citado en: Artola, M.: Textos fundamentales para la historia. Madrid, Alianza, págs. 520-521.)
La misma degradación se produjo en sus condiciones de vida. Desarraigados, repartían su tiempo entre las agotadoras jornadas en la fábrica, el desempleo y la taberna. Sobrevivían en casas sombrías y húmedas, sin agua ni retrete, compartiendo cocina, cohabitando con algunos animales domésticos comunes entre la gente necesitada ante la inseguridad que suponía el paro forzoso, los despidos o los accidentes laborales. Las habitaciones en las que se hacinaban familias enteras, mal ventiladas, eran parte de casas que daban a calles sin pavimentar, encharcadas, con un ambiente irrespirable consecuencia del humo de las fábricas y de la descomposición de basuras y excrementos.
Importancia creciente adquiere la masa de sirvientes domésticos, (grupo en el que era mayoritaria la población femenina). En el campo, los jornaleros, auténticos obreros agrícolas, que eran especialmente numerosos en la Europa mediterránea, estaban sometidos frecuentemente al paro estacional junto a ellos, los pequeños propietarios que, incapaces de subsistir con sus parcelas, se emplean también como jornaleros.
LA LUCHA POR LA IGUALDAD
El siglo XIX fue pródigo en la luchas por el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. En Europa alimentados por las ideologías socialistas y anarquistas, y por la organización sindical, los trabajadores lograron: reducir la jornada laboral, mejorar las condiciones higiénicas y de seguridad en las empresas, aumentos salariales, pagos del servicio de salud, seguridad social, sistemas pensionales, etc.
Lo anterior no significa que las sociedades occidentales hayan logrado un sistema igualitario, todas siguen siendo sociedades desiguales. Los ricos controlan gran parte de la riqueza, tienen los mejores colegios y universidades, utilizan mejores médicos y consumen la mayor parte de bienes y servicios. La pobreza se mantiene y es mayor en los países cuyo nivel de desarrollo es menor. Por ejemplo, en América Latina si bien la clase media ha crecido con el desarrollo del capitalismo, sobre todo del sector servicios, los pobres tienen niveles de vida que rayan con la indigencia. En Colombia, por ejemplo, de los 44 millones de colombianos, 25 millones viven en la pobreza y 11 de esos 25, viven en la indigencia. En África la situación es más calamitosa. En Europa se ha logrado que la población goce de los beneficios básicos de la sociedad contemporánea.
Logros jurídicos
1. En las sociedades occidentales se defiende la igualdad ante la ley, aunque no necesariamente siempre es así.
2. Las sociedades occidentales valoran la autonomía y el esfuerzo personal. Esto no necesariamente se cumple a cabalidad, pues muchas veces el talento, el trabajo y las capacidades se ven superadas por el nacimiento y la posición social.
3. Las sociedades actuales se dividen en sociedades de la abundancia como Europa Occidental, Norteamérica y Japón, sociedades en vía de desarrollo, con graves problemas sociales, como América Latina, y sociedades paupérrimas como muchas africanas: Tanzania, Togo, Chad, Mauritania, Malí, etc.
4. Normalmente las personas viven cerca de las personas que son de su misma clase social.
Medidas de clase social
1. El prestigio: es la consideración social que tienen algunas profesiones u oficios.
2. La renta: Incluye los ingresos salariales más los beneficios que se derivan de las inversiones.
3. El patrimonio: Es el valor total de los bienes muebles e inmuebles, deduciendo las deudas pendientes.
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